CRECIMIENTO PESE A LA COYUNTURA
Por Andrea Flores.
El crecimiento económico no es una cifra fría ni un dato reservado para especialistas. Detrás de cada indicador positivo existen empleos que se mantienen, negocios que continúan operando y familias que encuentran mayores posibilidades de estabilidad. Por ello, el reciente reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), que confirma un crecimiento de 3.21% en marzo y una expansión acumulada de 3.5% en el primer trimestre del año, representa una noticia alentadora para el país en medio de un escenario particularmente complejo.
Lo más significativo de este resultado no es únicamente el porcentaje alcanzado, sino las condiciones en las que se produjo. Marzo fue un mes marcado por dificultades internas y externas que pudieron haber golpeado con mucha más fuerza a la economía peruana. La interrupción del suministro de gas tras la rotura del ducto de Camisea afectó actividades productivas y de transporte. A ello se sumaron los efectos persistentes del Fenómeno El Niño, que continúa impactando infraestructura y cadenas logísticas en varias regiones del país.
En paralelo, el contexto político y electoral ha generado incertidumbre en los agentes económicos. Cada proceso electoral suele venir acompañado de cautela en las inversiones y expectativas moderadas en el sector empresarial. Sin embargo, pese a ese ambiente de tensión, sectores como Construcción, Comercio, Manufactura y Servicios lograron sostener el dinamismo económico y empujar el crecimiento nacional.
Particularmente destacable resulta el desempeño del sector Construcción, que creció más de 15%, impulsado por el avance de obras públicas y el mayor consumo de cemento. Este indicador refleja que la inversión, tanto pública como privada, continúa siendo uno de los principales motores de la economía y un factor clave para la generación de empleo.
Tampoco debe ignorarse el difícil contexto internacional. Las tensiones en el Medio Oriente elevaron los precios del petróleo y encarecieron costos de energía y transporte a nivel global. En ese panorama, que el Perú mantenga estabilidad y capacidad de respuesta demuestra la fortaleza de sus fundamentos macroeconómicos.
No obstante, el crecimiento económico no puede entenderse como una meta cumplida. El verdadero desafío está en convertir esta recuperación en un proceso sostenible y capaz de beneficiar de manera más directa a la población. El país aún enfrenta altos niveles de informalidad, brechas sociales y demandas urgentes en salud, educación y seguridad.
Por ello, en medio del actual escenario electoral, resulta indispensable que las fuerzas políticas actúen con responsabilidad. El Perú necesita estabilidad, predictibilidad y visión de largo plazo. La economía puede seguir creciendo, pero sin consensos mínimos ni confianza institucional, cualquier avance corre el riesgo de debilitarse.
