la democracia se juega en las urnas
Por: Carlos Meneses
La fiesta electoral debe ser precisamente eso: una expresión de participación democrática, de respeto y de civismo. Que las diferencias políticas no destruyan la convivencia nacional. Y que, al final de la jornada, más allá de quién gane o pierda, sea la democracia la que salga fortalecida.
El Perú llega a una nueva jornada electoral cargada de tensión, incertidumbre y profundas divisiones políticas. Tras semanas de confrontación, acusaciones cruzadas y discursos radicalizados, el país entra finalmente al silencio electoral previo a una segunda vuelta que definirá no solo al próximo presidente de la República, sino también el rumbo político, económico y social de los próximos años.
Las campañas de Keiko Fujimori y Roberto Sánchez cerraron con multitudinarios mítines y mensajes dirigidos a conquistar a un electorado todavía fragmentado. De un lado, la defensa de la estabilidad económica, el orden y la inversión privada; del otro, las promesas de cambio, justicia social y reformas estructurales. Dos visiones distintas de país que ahora deberán medirse en las urnas.
Sin embargo, más allá de simpatías, temores o preferencias políticas, hay algo que debe prevalecer en esta hora decisiva: el compromiso democrático de la ciudadanía.
Las elecciones no pueden convertirse en un escenario de odio ni de enfrentamiento irreconciliable entre peruanos. La democracia exige debate, crítica y firmeza, pero también respeto a las diferencias y reconocimiento de la voluntad popular. Ningún resultado justificará el desconocimiento de las reglas democráticas ni el intento de alimentar nuevamente la violencia política que tanto daño ha causado al país en los últimos años.
En ese contexto, resulta significativo que figuras políticas como Rafael López Aliaga hayan decidido expresar públicamente su respaldo electoral. El líder de Renovación Popular señaló que considera a Keiko Fujimori “la única opción democrática” para esta segunda vuelta e incluso convocó a sus simpatizantes a sumarse como personeros de Fuerza Popular durante la jornada electoral. Más allá de las posiciones partidarias, este tipo de pronunciamientos reflejan la intensidad de una elección donde diversos sectores consideran que el país se encuentra ante una definición trascendental.
Pero la verdadera fortaleza democrática no dependerá únicamente de los candidatos, ni de los partidos, ni de los liderazgos políticos. Dependerá, sobre todo, de los ciudadanos. De millones de peruanos que acudirán este domingo a votar con esperanza, preocupación o desconfianza, pero con la responsabilidad de decidir el futuro nacional mediante el sufragio y no mediante la confrontación.
El Perú necesita reencontrarse consigo mismo. Necesita instituciones sólidas, estabilidad política y autoridades capaces de gobernar pensando en todos los peruanos y no solo en sus seguidores. Después de años de crisis, enfrentamientos y precariedad institucional, el país no resiste más fracturas.
