HUMANISMO EN TIEMPOS DE BARBARIE

Muchas voces autorizadas han advertido de un modelo tecnocrático autoritario en curso que busca que la lógica de la ganancia, revestida de eficiencia, gobierne las decisiones personales, sociales y económicas en el mundo con el instrumento novedoso de la Inteligencia Artificial (IA). Esta tecnología sirve aceleradamente como instrumento para sustituir las decisiones humanas y conseguir sin diálogo ni consenso la explotación de las personas, sin cuestionamiento alguno al engranaje del sistema capitalista hegemónico.

Una de la más recientes y notorias de estas lecturas críticas ha sido la Encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la IA. En esta leemos lo siguiente: “las ciencias cognitivas, la nanotecnología, la robótica y la biotecnología (…) pueden ser una gran ayuda para el desarrollo humano integral (…) pero necesitan un nuevo marco espiritual, ético y político”, por lo que ratifica la idea de que «el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto».

“El progreso tecnológico requiere de una visión humanista que lo guíe y un debate crítico en torno a los fines que persigue”. La extinción de las humanidades decretada por el sistema educativo dominante -cómo hemos explicado en anteriores entregas-, pone a la humanidad en riesgo de ser víctima de sus propias conquistas. Un punto central de esa prevención radica en dejar en manos del consumismo el acceso y la difusión de la IA, sin conciencia crítica de su valor y peligroso. En lugar de prevenir y anticipar un uso distorsionado que provoca dependencia, incentiva exclusiones y manipulaciones que promueve desigualdades. Por ello, debemos impulsar su uso responsable, crítico e imaginativo que refuerce valores solidarios, cooperativos y dialógicos para construir un futuro diferente.

Así como disponer o tener acceso a información no es conocimiento, el saber datos o estadísticas no es sabiduría. La facilidad como se logra sin esfuerzo manejar contenidos, resumir documentos, presentar significados simplificados y esquemas accesibles da la ilusión de una solvencia cognoscitiva irrelevante y falsa. En este punto crucial la encíclica sintetiza con nitidez la diferencia clave para la educación integral de los jóvenes:

“Como ocurre con todo gran avance tecnológico, la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a datos. A la luz del bien común y del destino universal de los bienes, este fenómeno suscita seria preocupación: pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos”.

Necesitamos sustraer a la IA de la lógica de los monopolios, hacerla discutible, refutable, restablecer la pluralidad de culturas humanas y formas de vida. Por eso, más que regularla hay que desarmarla y hacerla dialogante con, por y para los seres humanos.

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