El Centro Histórico no puede seguir abandonado
Por Carlos Meneses
Recuperar el Centro Histórico no es una opción, sino una necesidad urgente. Permitir que continúe el abandono significaría renunciar a una parte fundamental de nuestra identidad y aceptar que la inseguridad y el desorden se impongan sobre uno de los mayores símbolos de la ciudad.
Centro Histórico de Arequipa, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, atraviesa una preocupante etapa de deterioro social y urbano. Lo que debería ser el principal espacio de encuentro ciudadano, orgullo cultural y atractivo turístico de la Ciudad Blanca, se ha convertido en escenario de desorden, inseguridad y abandono.
Cada fin de semana, numerosas calles y espacios públicos son ocupados por personas que consumen bebidas alcohólicas sin ningún respeto por las normas de convivencia. Veredas, plazas y portales son utilizados como improvisadas cantinas, mientras los residuos, botellas y hasta desechos fisiológicos quedan como evidencia de una conducta que afecta la imagen y salubridad de la ciudad. La situación resulta aún más grave cuando se observa que estas prácticas ocurren en espacios emblemáticos que forman parte del legado histórico de Arequipa.
Sin embargo, el problema trasciende el consumo de alcohol. La ocupación indebida de la vía pública ha generado condiciones propicias para el incremento de robos, asaltos y actos de violencia. Sectores como el puente Grau, el Mirador de Villalba, Alto de la Luna, Siete Esquinas, Dos de Mayo y diversas intersecciones comerciales se han convertido en puntos de constante preocupación para vecinos y transeúntes. La sensación de inseguridad crece conforme avanza la noche y disminuye la presencia de ciudadanos en las calles.
Resulta evidente que los esfuerzos desplegados por la Policía Nacional y el serenazgo municipal no están siendo suficientes para enfrentar la magnitud del problema. La limitada capacidad operativa y la falta de intervenciones sostenidas permiten que estas conductas se repitan una y otra vez sin consecuencias efectivas para quienes infringen las normas.
La recuperación del Centro Histórico exige una acción coordinada y permanente. No basta con operativos esporádicos o patrullajes ocasionales. Se requiere una estrategia integral que combine vigilancia constante, mejor iluminación, control efectivo del comercio informal, aplicación rigurosa de sanciones y campañas de educación ciudadana orientadas al respeto de los espacios públicos.
También es indispensable que la ciudadanía asuma su cuota de responsabilidad. El patrimonio no pertenece únicamente a las autoridades; es un bien colectivo cuya conservación depende del compromiso de todos. La indiferencia frente al deterioro solo contribuye a profundizar una crisis que afecta la calidad de vida de los residentes y la imagen de Arequipa ante el país y el mundo.
