Medio millón de candidatos, pero ¿mejores autoridades?
Por Carlos Meneses
La democracia necesita participación, pero también calidad. El récord de candidatos que se espera para las elecciones de octubre será una buena noticia únicamente si viene acompañado de mejores liderazgos, mayor preparación y un genuino compromiso con el desarrollo de las regiones y municipios del país. De lo contrario, la abundancia de postulantes será apenas una cifra más en medio de una crisis política que el Perú aún no logra superar.
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) estima que cerca de medio millón de ciudadanos buscarán convertirse en candidatos para las Elecciones Regionales y Municipales de 2026. La cifra impresiona por su magnitud y refleja la enorme movilización política que se genera en cada proceso electoral. Sin embargo, más allá de los números, la verdadera pregunta es si esta avalancha de postulaciones se traducirá en una mejor representación para los ciudadanos.
Más de 13 mil cargos públicos estarán en disputa en todo el país, desde gobernadores regionales y consejeros hasta alcaldes y regidores. Para ello competirán 74 organizaciones políticas entre partidos, movimientos regionales y alianzas electorales. En teoría, una amplia oferta electoral debería fortalecer la democracia al brindar mayores opciones al electorado. En la práctica, sin embargo, también puede convertirse en un factor de dispersión y confusión.
La proliferación de organizaciones políticas y candidatos no siempre va acompañada de propuestas sólidas ni de cuadros preparados para asumir responsabilidades públicas. Con frecuencia, muchos aspirantes aparecen únicamente en tiempos electorales, sin experiencia de gestión ni una trayectoria vinculada al servicio ciudadano. Esta realidad ha contribuido a la crisis de representación que enfrenta el país y explica, en parte, la creciente desconfianza hacia las autoridades elegidas.
La ampliación del plazo para la inscripción de listas hasta el 19 de junio revela además que numerosas agrupaciones aún enfrentan dificultades para completar sus procesos internos. Resulta preocupante que, a pocos días del cierre de inscripciones, solo se hubiera registrado menos del 9 % de las listas proyectadas por el organismo electoral. La improvisación no puede convertirse en una característica permanente de quienes aspiran a gobernar regiones y municipios.
Los próximos comicios no son un asunto menor. Las autoridades que resulten elegidas administrarán importantes recursos públicos y tendrán bajo su responsabilidad la ejecución de obras, programas sociales, proyectos de infraestructura y políticas orientadas al desarrollo local y regional. De sus decisiones dependerá, en buena medida, la calidad de vida de millones de peruanos.
Por ello, el desafío no solo corresponde a los organismos electorales o a los partidos políticos. También involucra a los ciudadanos, quienes deberán asumir un papel activo e informado al momento de emitir su voto. Revisar antecedentes, evaluar propuestas y exigir transparencia será fundamental para evitar que los errores del pasado vuelvan a repetirse.
