DERECHA EN SUDAMÉRICA: FUJIMORI EN PERÚ
Por: Edgard
Lajo Paredes

En la actualidad Sudamérica ha virado a la derecha, de siete gobiernos de izquierda estatista en 2023: Venezuela, Colombia, Perú, Brasil, Bolivia, Chile y Argentina; ha pasado a ser de derecha en 2026: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia Chile, Paraguay y Argentina. Hay quienes se han alegrado por el triunfo de la derecha; otros han celebrado la derrota de la izquierda estatista, pero, no los convence el retorno de la derecha neoliberal; habiendo, los que, al inicio, no aceptaron los resultados electorales desfavorables a la izquierda, resignándose a admitir la derrota, pero, interponiendo recursos legales ante organismos internacionales como CIDH.

En esta tribuna, escribí: “América Latina: ¿de crisis en crisis? (22/08/25) “¿Estamos ante un nuevo péndulo ideológico en América Latina? de tener gobiernos de derecha neoliberal (privatistas), los mismos entran en crisis; posibilitando el advenimiento de gobiernos chavistas del socialismo del siglo XXI (estatistas), como sucedió en Venezuela. Luego, entran en crisis los gobiernos del socialismo, generando las condiciones para el ingreso de gobiernos de derecha, como lo acontecido en Argentina, con el triunfo de Javier Milei, y la derrota del peronismo kirchnerista; en Ecuador, con la elección de Daniel Noboa, y el desplazamiento electoral del correísmo”.

Agregué “Tenemos casos en la que no se dan crisis, propiamente dicho, pero sí agotamientos de tendencias, como en Colombia, donde el uribismo (derecha), se agotó, dándose las condiciones al ascenso al poder de Gustavo Petro (izquierda marxista); en Chile, se desgastaron los gobiernos de la concertación (Democracia Cristiana y Socialismo Democrático), irrumpiendo la derecha con Sebastián Piñera; en las últimas elecciones presidenciales, se inclinó a Gabriel Boric (izquierda estatista); para las próximas elecciones se observa un posible retorno de la derecha”.

En nuestro país, el fujimorismo de la década del noventa, se agotó, con la privatización de empresas públicas, estabilizó la economía, a muy alto costo social; pero, a fines del siglo XX, ya no supo qué hacer; no olvidar que, debilitó la institucionalidad, dándose casos de violación de derechos humanos y persiguió a opositores. Por ello, Alberto Fujimori, huyó del país, dejándolo en crisis; fue extraditado, procesado y sentenciado. Vino la transición con Valentín Paniagua (2000-2001)); luego, el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006), hizo fujimorismo sin Fujimori, el propio Toledo así lo declaró; accedió al gobierno por segunda vez Alan García (2006-2011), consiguió para nuestro Perú el grado de inversión, crecimiento económico de 7.2% promedio anual; redujo la pobreza en 20 puntos; creó más de 2 millones y medio de empleo, y respetó la democracia.

El país necesita una derecha institucional, que haga política, practique la democracia, y consecuente con la “economía social de mercado”, lo cual significa, cuestionar y combatir los monopolios y oligopolios, como fomentar de verdad la libre competencia, no ser aliada de la neoligarquía monoligopólica, lobista y mediática; es la oportunidad de Fuerza Popular y Renovación Popular, de evolucionar a esa derecha progresista.

La presidenta electa, Keiko Fujimori, ha hecho declaraciones contradictorias: antes del 12 de abril de 2026, anunció “va a realizar un gobierno como lo hizo su padre Alberto Fujimori”; después del 07 de junio de 2026; señaló diferenciarse de su padre, “quien por el pragmatismo tuvo problemas con la institucionalidad, yo, en cambio, soy institucional”, ¿habrá un fujimorismo amigable con el Estado Constitucional y Democrático de Derecho? Ya lo veremos.

La cuestión política de América Latina, no es la derecha neoliberal ni la izquierda estatista, ambos modelos, reiteramos, han fracasado y seguirán fracasando, por ser proclives al autoritarismo. El otro problema es la ausencia de una izquierda democrática indoamericana que conjugue inteligentemente, la promoción de la inversión privada nacional y extranjera, con la justicia social, también con responsabilidad fiscal; a fin, nos lleve a ser un pueblo continente de democracia plena, como los países nórdicos; donde los empresarios tributen sin evasiones ni elusiones, y, el pueblo tenga pleno empleo formal y real seguridad social.

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