Desafío pendiente: recuperar la calidad educativa
Por: Carlos Meneses
Arequipa no puede conformarse con conservar un lugar en el ranking nacional. Debe aspirar a que todos sus estudiantes aprendan más y mejor. Porque el futuro de una región no se mide por la posición que ocupa en una estadística, sino por la calidad de la educación que ofrece a sus nuevas generaciones.
Arequipa vuelve a aparecer entre las regiones con mejores indicadores educativos del país. Sin embargo, detrás de ese aparente logro se esconde una realidad que no puede maquillarse con rankings: nuestros escolares están aprendiendo menos. El retroceso en comprensión lectora y matemática revelado por el Índice de Competitividad Regional (INCORE) 2026 debe asumirse como una seria llamada de atención y no como una simple fluctuación estadística.
Las cifras son claras. En lectura, el porcentaje de estudiantes que alcanzó un nivel satisfactorio cayó de 42,8 % a 41,1 %. En matemática, el descenso fue aún mayor, de 40,3 % a 38,5 %. Traducido a la realidad cotidiana, significa que seis de cada diez niños arequipeños no logran los aprendizajes esperados en dos competencias fundamentales para su desarrollo académico y profesional. Ese debería ser el verdadero titular.
Resulta preocupante que las autoridades destaquen que Arequipa aún ocupa el tercer lugar en lectura y el cuarto en matemática. Permanecer entre los primeros puestos de un país que también enfrenta una profunda crisis educativa no puede convertirse en motivo de conformismo. Ser «menos malo» que otras regiones no significa que la educación esté funcionando.
La respuesta anunciada por la Gerencia Regional de Educación —simulacros, evaluaciones regionales y acompañamiento pedagógico— puede contribuir a mejorar los resultados de la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje. Pero existe el riesgo de repetir un viejo error: enseñar para aprobar una prueba y no para formar ciudadanos con pensamiento crítico, capacidad de comprensión y habilidades para resolver problemas.
La educación no mejora únicamente aplicando más exámenes. Mejora cuando los docentes reciben capacitación permanente, cuando las escuelas cuentan con infraestructura adecuada, cuando los estudiantes tienen acceso a tecnología y cuando las familias participan activamente en el proceso educativo.
Precisamente, otro dato del INCORE evidencia una contradicción difícil de justificar. Mientras el discurso oficial habla de modernización, el acceso a internet en las instituciones educativas retrocedió de 74,9 % a 70,4 %. En pleno siglo XXI, reducir la conectividad escolar significa ampliar las desigualdades entre estudiantes urbanos y rurales y condenar a miles de niños a aprender con menos herramientas que sus pares.
La responsabilidad tampoco recae únicamente sobre la GREA. Los municipios, el Gobierno Regional, el Ministerio de Educación e incluso el sector privado deben asumir que la calidad educativa es una tarea compartida. No basta inaugurar colegios o anunciar proyectos de infraestructura si dentro de las aulas los resultados siguen deteriorándose.
Arequipa construyó durante décadas un prestigio educativo que hoy empieza a mostrar grietas. Recuperarlo exige mucho más que planes de emergencia. Requiere continuidad en las políticas públicas, inversión sostenida y decisiones técnicas alejadas de los intereses políticos de cada gestión.
La educación no admite improvisaciones ni triunfalismos. Cada punto porcentual que se pierde en comprensión lectora o matemática representa miles de niños con menos oportunidades para acceder a estudios superiores, empleos de calidad y mejores condiciones de vida. Ese es el verdadero costo del retroceso.
