El agua no puede esperar

Por Carlos Meneses

Los pronósticos climáticos indican que El Niño podría modificar tanto las temperaturas como el comportamiento de las lluvias en el sur del país. Frente a ese escenario, la prevención deja de ser una recomendación para convertirse en una obligación. Garantizar la continuidad del servicio de agua potable no dependerá únicamente del clima, sino de la capacidad de las instituciones para anticiparse y de la voluntad de la población para comprender que el agua es un recurso limitado cuyo cuidado es una responsabilidad compartida. Sólo con planificación, inversión y conciencia ciudadana será posible enfrentar este desafío sin que la emergencia vuelva a sorprender a Arequipa.

El anuncio de un posible incremento del consumo de agua potable por efecto del Fenómeno El Niño debe ser entendido como una advertencia y, sobre todo, como una oportunidad para actuar con anticipación. No se trata únicamente de prever días más calurosos o un aumento estacional de la demanda, sino de asumir que la seguridad hídrica de Arequipa enfrentará una nueva prueba que exige decisiones inmediatas, planificación técnica y responsabilidad ciudadana.

La alerta formulada por la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) no es un ejercicio de especulación. Está sustentada en registros concretos que muestran cómo distritos como La Joya, Majes, Yanahuara y, especialmente, el balneario de Mejía, presentan consumos muy por encima de los niveles considerados razonables. Si a esa realidad se suman temperaturas más elevadas y una mayor afluencia de visitantes en la costa, el sistema de abastecimiento podría verse sometido a una presión que afecte la continuidad del servicio.

El problema no radica únicamente en producir más agua. También depende de la capacidad de almacenamiento, distribución y operación de una infraestructura que, en varios sectores de Arequipa, ya evidencia limitaciones. Las partes altas de distritos como Socabaya, Mariano Melgar, Miraflores o Cerro Colorado suelen experimentar baja presión en épocas de alta demanda. Si no se ejecutan acciones preventivas, estos inconvenientes podrían intensificarse durante los meses más críticos.

Por ello, el trabajo de prevención no admite postergaciones. Sedapar debe acelerar la ejecución de obras destinadas a fortalecer las fuentes de abastecimiento, ampliar reservorios, modernizar redes y optimizar la distribución en las zonas de mayor crecimiento urbano. Proyectos pendientes en Sachaca, Tiabaya, Congata, Socabaya, Mariano Melgar y Characato deben convertirse en prioridades técnicas y presupuestales, porque cada verano perdido significa un riesgo mayor para miles de familias.

Pero la prevención no es una responsabilidad exclusiva de la empresa prestadora. También compete a las autoridades regionales y municipales, que deben coordinar planes de contingencia, fiscalizar el uso del recurso y promover campañas permanentes de educación ambiental. La gestión del agua no puede limitarse a reaccionar cuando aparecen los cortes o disminuye la presión; debe construirse desde la anticipación.

En ese mismo sentido, la ciudadanía tiene un papel decisivo. Persisten hábitos de consumo poco responsables que incrementan innecesariamente la demanda, especialmente durante los meses de calor. El uso racional del agua debe dejar de ser un discurso ocasional para convertirse en una práctica cotidiana. Cada litro desperdiciado representa un recurso que puede faltar en otro hogar.

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