Prefiero ver dinosaurios
SIN AMBAGES

Vi en la calle un niño pequeñito que iba de la mano de su mamá. El niño tenía puesta una casaca bastante curiosa: era verde claro y en las mangas y la capucha tenía unos triangulitos de un verde oscuro que simulaban las placas infaltables que le colocan a todo lo que sea dinosaurio para niños. De pequeña, me hubiera encantado tener una casaca igual (y quizá ahora también).
El niño y su casaca me hicieron recordar el famoso microcuento «El dinosaurio», de Augusto Monterroso:
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Esas siete palabras son todo el microcuento. Siete palabras que nos dejan pensando. Y, precisamente, mientras seguía caminando por las calles de la ciudad, me preguntaba si yo podría escribir un microcuento y, mirando el entorno, no fue difícil. Se me ocurrió este:
Hago lo que me da la gana. ¿Por qué? Porque aquí nadie hace nada.
Son pocas palabras, con principio y fin, así que sí, podría ser un microcuento. Aunque más que microcuento me parecía una afirmación nada difícil de sustentar. Diría que no se necesitan estudios ni análisis ni encuestas, bastan unas cuantas vueltas por estas calles y ese microcuento queda como reflejo de una buena parte de la realidad en Arequipa: autos estacionados en zonas rígidas y sin importar que la calle sea angosta, de todas maneras se pueden subir a la vereda que para eso «también» está; vehículos de transporte público que tienen un micrófono y un parlante para anunciar las paradas que hacen en su recorrido y, si se juntan con otro que esté haciendo un anuncio similar, no se entenderá nada ni de uno ni de otro, pero no importa, tenemos que soportar tal estridencia; conductores que esquivan a los peatones que ya están en el crucero peatonal, porque los peatones tienen la preferencia, pero yo paso rapidito, mira, mira, ¿ves?; bolsas de basura y más bolsas de basura apoyadas en cualquier poste y, claro, basura en las calles —nunca falta una servilleta sucia, un vasito de queso helado y palitos de anticuchos—. Eso es lo que rápidamente viene a mi mente ahora, pero se podría hacer una enumeración bastante extensa de mucho por resolver, y cada día podríamos agregar un par de líneas más porque esto parece empeorar rápidamente.
Lo que se está perdiendo es la responsabilidad ciudadana. Ciudadanos irresponsables siempre habrá, pero pareciera que ahora esa irresponsabilidad resulta fácil y, por eso, crece y abunda. En la ciudad en la que nadie hace nada, absolutamente nada, la gente hace lo que le da la gana, por supuesto, ¿por qué no?
El microcuento del dinosaurio es, claro, un cuento; tengo la certeza de que el autor nunca vio un dinosaurio real. Por otro lado, el mío tiene algo de cuento, sí, pero muy poco, es más la descripción del día a día en esta ciudad. O, en todo caso, podría decir que el cuento que yo escribí lo podría escribir cualquier otro ciudadano que transita por las calles de Arequipa y que encontraría no dinosaurios, sino más bien la evidencia de que todos hacen lo que les da la gana y nadie hace nada por esta ciudad.
