PODEMOS ESCRIBIR EL LIBRO DE NUESTRA VIDA
Por Juan Manuel Zevallos.
Siento el latido de mi corazón en el pecho y sé que estoy vivo. Respiro y percibo el aroma de las flores del campo y nuevamente sé que estoy vivo. Extiendo una mano y otra mano se aferra a la mía y alguien renace del polvo y cree en su vida, en ese momento otra vez siento que estoy vivo.
El mundo no entiende mis razones para alegrarme, pero ello no es importante. Yo vivo bajo las leyes nobles del amor y de la paz.
He abandonado en un lugar lejano mi instinto de muerte. No vale la pena llevarlo a cuestas. Ya me enseñó que el dolor sin causa me acerca a un abismo donde la caída es eterna. Ya aprendí que en el silencio de mi sufrimiento yo muero cada momento, no quiero volver a vivir ese silencio.
He aprendido que el mejor lugar para vivir es este, donde hoy me encuentro. He descubierto que la mayor realización que un ser humano debe aspirar es la de estar vivo y entender que está vivo.
Mi felicidad es mi compromiso diario y ahora entiendo que nunca debí de buscarla en un corazón ajeno o en una acumulación de bienes sin sentido final. Mi felicidad es vivir en el mundo donde lo real y lo abstracto se unen y en donde la gente aún no hace caminos teniendo la capacidad para hacerlos. Sé que un día se darán cuenta de ello y si no se dan cuenta, bueno, todos tenemos un destino que seguir y cada uno vive bajo razones que otros nunca podrán interpretar.
Soy el arquitecto constante de mi obra. Soy real y a la vez no existo, soy una creación mental de aquello que pienso y de aquello que piensan los demás.
**********
Una lágrima hay en mis ojos. He sido muy egoísta. Creía que amar mi sufrimiento me haría mejor, pero al creer ello me elevé sobre los demás y ahora me caí. Está bien que me haya caído, no debemos anhelar ser mejores que los demás, ni por tener más dicha, ni por tener más dolor. Cuando alimento aquel saco sin fondo que es mi ego me destruyo, ya me di cuenta, pero la mente obtusa nunca se olvida de vivir así. Pero el ego es parte mía y yo debería de controlarlo, pero cada vez que creo controlarlo siento que ha crecido de nuevo. Si creo tener el control de mi vida entonces me he equivocado ya que mi razón no puede tener el control de todo. Soy un todo del cual soy una gran ignorante aún. No soy un Dios como para comprender todo. La vida es como un sueño donde a veces brotan imágenes oníricas llenas de placer y en otras imágenes fantasmales de dolor. Puedo controlar el deseo de dormir y la voluntad de despertar, pero no puedo determinar lo que debo o no percibir en mi ensoñación.
Puedo tratar de ser mejor, pero no seré la mejor. Seré simplemente una persona que ha hecho su mayor esfuerzo para ser mejor. Pero ahora que lo pienso ¿se puede ser mejor? De pronto lo más adecuado sería decir ¡quiero ser auténtica! Pero nuevamente entro en una contradicción ¿seré una farsa? Cada vez que me coloque una etiqueta tendré que quitármela. En verdad no soy alguien, en realidad soy yo.
Yo soy Cenicienta, no soy una mujer bella, soy una mujer; no soy inteligente, soy una mujer y así quiero valorarme, así quiero me valores. No deseo que veas mis virtudes ni que apartes de tu mente las limitaciones que aprecia tu razón. Deseo que me contemples a plenitud y que te sientas alegre al verme así.
No tengo problemas pendientes de solución, no tengo deudas con mi pasado. Tengo la libertad de recorrer los caminos que otros han recorrido y de recorrer aquellos senderos nuevos que me dicta mi corazón que debo de recorrer.
Por momento soy esquiva y trato de no contemplar el mundo que me envuelve, me deleito con mi realidad.
Mi alma y mi cuerpo un día entraron en comunión. Ahora veo el sol y me alegro al sentir el calor que emite y al notar la belleza innata que evidencia. No me pregunto cosas torpes como ¿existirá siempre? o ¿si mañana no podré verlo por qué ha de llover?
He alcanzado a dominar mi mente extraviada, ahora iluminé la construcción de mis pensamientos y la coherencia entre ellos. He desterrado de mi vida la lucha entre el ángel bueno y el malo, ahora ambos conviven en mi mente aprendiendo uno del otro.
Mi emoción es espontánea. Gozo lo que digo y disfruto lo que hago. Ya no refriego los suelos con cólera ni con hidalguía, hoy lo hago con una sola idea: me gusta hacerlo y lo disfruto.
Las etiquetas de salvadora del mundo o de minusválida y cajón de maldiciones me son indiferentes. No soy más ni menos que nadie. Estoy aprendiendo a desarrollar mis capacidades y a amarme. No soy un ser menesteroso lleno de podredumbre, tampoco soy un ser divino que debe ser enaltecida por sus logros.
RESALTAR
Ahora un único ser que me importa: yo. Sé que mi bienestar es la paz de otros. Mi realización personal la luz que guía a los que aún se hallan extraviados. Ya no juego a vivir, ahora vivo jugando y disfrutando mi realidad.
Ya no hay conflictos por resolver, esa fue una tarea de mi ego que ha sido abrazado con todas mis fuerzas y disminuido a su mínima expresión.
