Renacer para crecer
Por: Nitza Huaco
Mendoza

Cada cambio de gobierno trae consigo expectativas. Esta vez no es diferente. Con el inicio de la gestión de Keiko Fujimori, el país entra en una etapa que será observada con atención por quienes todos los días generamos empleo, pagamos impuestos, invertimos y seguimos apostando por el Perú.

Durante los últimos años, el empresario peruano aprendió a convivir con la incertidumbre. Proyectos detenidos, inversiones postergadas y decisiones tomadas con demasiada cautela fueron parte de una realidad que afectó el crecimiento de todos. No porque faltaran ideas o capacidad, sino porque la confianza comenzó a escasear.

Y cuando la confianza se pierde, la economía se enfría.

Hoy el reto es recuperar ese activo. No con discursos, sino con decisiones. La estabilidad jurídica, el respeto a la inversión, la reducción de la burocracia y la lucha frontal contra la inseguridad serán las primeras pruebas para un gobierno que sabe que el sector privado espera resultados antes que promesas.

El Perú tiene todo para crecer. Tenemos recursos, talento, emprendedores que no se rinden y regiones que siguen demostrando que el desarrollo también se construye desde fuera de Lima. Arequipa es un claro ejemplo. Aquí el empresariado siempre ha sabido levantarse frente a las dificultades y convertir los desafíos en oportunidades.

Pero también sería un error pensar que toda la responsabilidad recae sobre el Gobierno. Los empresarios debemos seguir haciendo nuestra parte. Innovar, formalizar, capacitarnos, generar empleo de calidad y entender que competir hoy exige mirar mucho más allá del corto plazo.

Los gremios empresariales también tienen un papel importante. Es momento de dejar de lado intereses particulares y trabajar por objetivos comunes. El país necesita instituciones fuertes, capaces de dialogar, proponer y acompañar las grandes decisiones que marcarán los próximos años.

No será un camino sencillo. Los problemas del Perú no desaparecen con un cambio de mando. Sin embargo, sí puede cambiar la manera de enfrentarlos. Y eso hace una enorme diferencia.

La confianza no se impone. Se gana. Se construye con coherencia, con resultados y con la capacidad de cumplir aquello que se promete. Si esa confianza vuelve, la inversión regresará, se crearán más oportunidades y el crecimiento dejará de ser una proyección para convertirse en una realidad.

El Perú necesita volver a creer. No en una persona, sino en la posibilidad de que Estado, empresa y sociedad trabajen mirando el mismo horizonte. Ahí comienza el verdadero renacimiento empresarial.

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