La fauna ancestral que es parte

de la identidad de Arequipa

*Desde el puma andino al camarón de río se refleja la bravura y riqueza que distinguen a la Blanca Ciudad en su aniversario.

Por: Daniela Nickole Santander

Mencionar a Arequipa evoca la majestuosidad de su sillar y la silueta de sus volcanes, pero existe una trama viva e indivisible que ha moldeado el carácter de la Ciudad Blanca: su biodiversidad nativa. A lo largo de una geografía que va desde los ríos continentales hasta la puna gélida, diversas especies silvestres sostienen el equilibrio ecológico y encarnan la identidad regional. Recorrer este catálogo de especies es un acto de memoria histórica y responsabilidad ambiental.

El monarca indiscutible de las cumbres y quebradas es el puma andino, el máximo depredador altoandino que recorre los vastos territorios de la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca. Históricamente, la tradición popular recurrió al león africano como alegoría de la fiereza local; sin embargo, la revisión de nuestra propia fauna exige reivindicar al puma como el verdadero rey de los Andes y símbolo legítimo de la independencia, la potencia y el espíritu indomable de Arequipa. Investigaciones recientes, lideradas por científicos de la Universidad Nacional del Altiplano, la Asociación Pro Carnívoros y el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado, han dado luz sobre la dieta de este felino en ecosistemas por encima de los 4 300 metros sobre el nivel del mar en la región.

Este estudio pionero, basado en el análisis de heces, revela que el puma desempeña un rol crítico para el mantenimiento del equilibrio ecosistémico de los altos Andes. Su dieta abarca desde pequeños ratones hasta camélidos silvestres como vicuñas y guanacos, regulando además las poblaciones de mesocarnívoros como zorros andinos, zorrinos y otros mustélidos nativos. Al controlar a estas poblaciones, el puma favorece la regeneración de los pastizales altoandinos y mantiene la estructura de la red trófica. Así, la imponente presencia del felino no solo encarna la majestuosidad de nuestras cumbres, también se consolida como el guardián fundamental encargado de equilibrar la vida en las alturas andinas.

En las pampas y roquedales habita el zorro andino (Lycalopex culpaeus), que tiene como hábitat Caylloma y Arequipa, este cánido cumple un rol clave en el control biológico al alimentarse de roedores, vizcachas, aves e insectos. Su agilidad le permite enfrentar las condiciones extremas de la sierra, adaptando sus hábitos según la disponibilidad de recursos y protegiendo la salud de los pastizales. De este modo, la agilidad y destreza de este animal reafirman su papel esencial como regulador de las pampas y símbolo vivo de la astucia de nuestro territorio.

Entre los roquedales y matorrales habita la culebra de sierra (Tachymenis peruviana), conocida localmente como culebrita machali o culebra de cola corta peruana. Más de un arequipeño guardará el relato de algún familiar de la chacra o de la campiña que se ha topado con ella en medio de las faenas agrícolas, pues es una vecina habitual de nuestros campos. Lejos de representar un peligro, esta especie nativa cumple un papel silencioso, pero crucial en el control biológico al regular las poblaciones de pequeños roedores e insectos en los valles y zonas altoandinas. Su presencia refleja la salud de los suelos y la continuidad de las cadenas alimenticias terrestres de la región. Por ello, la sigilosa presencia de esta culebra la convierte en la encargada de mantener el equilibrio ecológico bajo el suelo de nuestra campiña y quebradas.

Al descender a las zonas urbanas, el gallinazo de cabeza negra (Coragyps atratus) destaca como un aliado insustituible de la sanidad ambiental. A través de la campaña “Coexistencia Responsable”, el SERFOR resalta que esta ave cumple una función clave al alimentarse de restos orgánicos y prevenir la acumulación de materia en descomposición. Su labor natural reduce los riesgos sanitarios en la ciudad y garantiza la limpieza de las calles. Por ello, lejos de cualquier prejuicio, esta ave se eleva como la encargada silenciosa de velar por la salud pública y el equilibrio de nuestro entorno urbano.

En las lagunas saladas destaca el flamenco andino (Phoenicoparrus andinus), o parihuana grande, ave de plumaje blanco y carmesí estrechamente ligada a los colores patrios. Humedales como la Laguna de Salinas son santuarios críticos donde esta especie filtra microorganismos para alimentarse y nidificar. Monitoreada por el SERFOR y el SERNANP debido a su estado vulnerable, su conservación promueve el turismo sostenible y la observación de aves. Con su vuelo elegante y su andar pausado, esta ave de fuego engalana nuestros humedales y actúa como la centinela encargada de sostener la fragilidad y pureza de las lagunas saladas.

En los valles y parques resuena el canto de la “Tanquita” o gorrión andino (Zonotrichia capensis), ave emblemática de Arequipa. Esta pequeña ave de copete gris y cuello canela es la banda sonora de los amaneceres en los huertos y plazas de la ciudad, un símbolo de la vida rural que persiste en medio del avance urbano. Su arraigo en el alma popular es tan profundo que la comunidad local la eligió oficialmente como el ave emblemática de Arequipa y ave del año 2025 con un contundente 54,7 % de los votos, en una iniciativa impulsada por la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA) a través del Instituto de Ciencia y Gestión Ambiental. La “Tanquita” representa la dulzura cotidiana de la campiña tradicional y cumple un rol fundamental en el control biológico de insectos y la dispersión de semillas en los ecosistemas del valle. Con su trino inconfundible, este pequeño habitante alegra la campiña, y se confirma como el encargado de sembrar vida y mantener el latido biológico de nuestros valles.

Sobrevolando los abismos del Colca y Cotahuasi, el cóndor andino (Vultur gryphus) se erige como el dueño absoluto de los cielos arequipeños. Con una envergadura alar que alcanza hasta los 3.3 metros (la mayor de cualquier ave terrestre del planeta), esta especie cumple un rol sanitario crucial como carroñero estricto, acelerando la descomposición de animales muertos y reduciendo la proliferación de patógenos e infecciones en las alturas. En el país, el I Censo Nacional del Cóndor Andino coordinado por SERFOR y SERNANP junto con el Museo de Historia Natural de la UNSA registró una población mínima de 301 ejemplares, consolidando a las quebradas y cañones de Arequipa como hábitats prioritarios para su conservación y monitoreo satelital. Por ello, el planeo soberano de esta ave mística lo reafirma como el encargado de custodiar la limpieza de los cañones y elevar el espíritu de nuestras cumbres.

Finalmente, en las cuencas continentales de Majes, Camaná, Ocoña y Tambo, el camarón de río (Cryphiops caementarius) conecta la ecología con la identidad gastronómica. Su conservación depende del respeto al caudal ecológico y a las vedas del Ministerio de la Producción, asegurando la continuidad del insumo estrella de las picanterías, declaradas Patrimonio Cultural de la Nación. De esta manera, la preservación del emblemático crustáceo asegura tanto el equilibrio biológico de nuestras cuencas como el sostén de la mayor tradición gastronómica que nos define.

Reconocer a estas especies en el aniversario de Arequipa va mucho más allá de una simple enumeración biológica, implica asumir que la identidad de la Ciudad Blanca es un tejido donde la historia humana y la naturaleza se alimentan mutuamente. La bravura del puma, la astucia del zorro, la elegancia de la parihuana, la utilidad del gallinazo, la dulzura cotidiana de la “Tanquita” y el valor cultural del camarón son espejos del propio carácter arequipeño. Preservar sus hábitats, defender sus ríos y detener la destrucción de sus espacios naturales es el mejor homenaje que la ciudad puede rendirle a su pasado y la única garantía para que las futuras generaciones sigan contemplando con orgullo la tierra fecunda que florece al pie del Misti.

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