El Muay Thai como motor de resiliencia y disciplina desde la infancia hasta la adultez

Por: Daniela Nickole Santander

El nak muay y entrenador arequipeño André Delgado explica cómo esta disciplina ayuda a afrontar desafíos dentro y fuera del gimnasio.

DISCIPLINA PARA AFRONTAR DESAFÍOS

En la imaginación popular, los deportes de contacto suelen asociarse de manera equivocada con la agresividad o el enfrentamiento físico. Sin embargo, en la práctica cotidiana, artes marciales como el Muay Thai operan en el sentido opuesto, son catalizadores de estabilidad emocional, rigor personal y salud mental tanto para adultos que buscan un espacio de desahogo como para niños en plena etapa formativa.

Para André Omar Delgado Hinojosa, licenciado en Educación Física, competidor profesional, seleccionado nacional y fundador de la escuela SANGHA en Arequipa, la esencia de este deporte tailandés (conocido como «el arte de las ocho armas») se sintetiza en una sola virtud: la resiliencia.

«El Muay Thai para mí se resume en una palabra: resiliencia. A pesar de todo, uno siempre tiene que ser constante, aspirar a más y continuar. A pesar de los golpes o de las cosas que te puedan pasar, uno no debe desviarse, debe continuar por el camino que desea. El deporte es mucha disciplina», destaca el entrenador.

En el caso de los adultos, el Muay Thai se ha convertido en una alternativa integral frente al ritmo sedentario o abrumador de la rutina diaria. Lejos de requerir una preparación física previa para iniciar, las dinámicas de entrenamiento permiten canalizar la tensión acumulada, mejorar la autoestima y reestructurar los hábitos personales fuera del gimnasio.

El impacto psicológico radica en la exigencia de concentración absoluta durante la práctica, lo que obliga a la mente a desconectarse de las preocupaciones externas. Este proceso repercute directamente en la organización del tiempo, el descanso y la alimentación.

«El deporte siempre te ayuda a organizarte. Conforme vas practicando, entiendes que no solo se trata de ir a golpear, se trata de ser constante. Te sientes cansado después de un entrenamiento, pero a la vez satisfecho, y eso se refleja en tu día a día: en tu trabajo, en tu familia y en cómo cuidas a los tuyos», explica Delgado.

En la etapa infantil, el beneficio adquiere una dimensión pedagógica relevante. Al integrar el Muay Thai como mediador en la currícula escolar de educación física, Delgado comprobó que la práctica adaptada no incentiva conductas violentas en los menores, en su lugar, les enseña a autorregular sus emociones y a respetar a sus semejantes.

Para los niños hiperactivos o con alto nivel de energía, la disciplina marcial ofrece un canal controlado para liberar tensión sin recurrir al encierro o la represión física, combinando la enseñanza técnica con juegos y ejercicios de psicomotricidad. «A un niño hiperactivo no lo vas a controlar manteniéndolo quieto o sentado; él necesita liberar toda esa energía. Las artes marciales no solo le ayudan a despejarse, sino a aprender valores, a respetar a los demás y a cuidarlos. Hay padres que temen que sus hijos se vuelvan agresivos, pero es todo lo contrario: esto les da un sentido de responsabilidad y les ayuda a controlar sus impulsos», señala el docente.

Dentro de la escuela, el aprendizaje se rige bajo un estricto código ético donde el nivel técnico o los logros deportivos no otorgan privilegios ni superioridad sobre los demás compañeros.

«Aquí nadie puede sentirse más que el otro, tenga más tiempo entrenando o tenga más peleas ganadas. Todos somos iguales y estamos para ayudarnos, porque eso no solo se refleja dentro del gimnasio, sino afuera: en la familia, en el trabajo y en el día a día», enfatiza Delgado.

Con su reciente inclusión como deporte olímpico y la sólida posición de Perú como potencia sudamericana en la disciplina, el Muay Thai se consolida en Arequipa como una escuela de vida abierta para cualquier persona dispuesta a mejorar su bienestar físico y mental.

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