Arequipa envejece sin pensión: el reclamo de miles de adultos mayores olvidados

Quienes dedicaron su vida al trabajo aseguran que las evaluaciones de Pensión 65 los dejan sin apoyo y piden una respuesta más justa del Estado.

Por: Daniela Nickole Santander

Todos los días caminamos al lado de adultos mayores que entregaron sus mejores años su trabajo, a la agricultura o el comercio para sacar adelante a Arequipa y a sus familias. En una época donde estudiar era un privilegio poco accesible ,hicieron lo que pudieron para aportar al país. Y es curioso que habiendo sostenido la economía en su juventud, el Estado hoy los desecha en su etapa más vulnerable. Y si la situación es dura para quienes tienen familia, para aquellos ancianos que no dejaron descendencia ni cuentan con red de apoyo, el abandono es total.

Arequipa se encamina a un escenario crítico. Para el año 2036, la región registraría cerca de medio millón de adultos mayores sin pensión de jubilación como consecuencia del envejecimiento demográfico y la alta informalidad laboral. En la actualidad, más de 300 mil ancianos carecen de ingresos previsionales en la región, mientras que el 85 % de ellos no logra ingresar al programa Pensión 65, según informa la Central Única de Adultos Mayores No Jubilados de la Región Arequipa.

Frente a esta exclusión, la Central Única de Adultos Mayores No Jubilados de la Región Arequipa ,asociación fundada en 2006 que congrega a más de 150 dirigentes distritales, alza la voz para exigir que el Ejecutivo cumpla con implementar una pensión universal humanitaria.

La principal indignación de este sector radica en los criterios de evaluación socioeconómica del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, los cuales califican a muchos ancianos como «no pobres» por el simple hecho de poseer una vivienda propia o artefactos básicos.

La presidenta de la Central Única, Marleny Martínez Bellido, anunció que la nueva junta directiva emprenderá viajes a la capital para exigir una audiencia con las autoridades nacionales y hacer sentir sus reclamos. A este pedido se suman testimonios directos que exponen la dureza de su día a día.

«Muchos adultos mayores no acceden a Pensión 65 porque tienen una casa o un televisor, porque están mal analizados. Por eso estamos en la lucha por esa pensión universal que nos prometieron, para apoyar a quienes lo necesitan en salud y en lo económico», señaló la dirigente Martínez.

Por su parte, Cecilio Quispe (73 años), adulto mayor que trabajó de manera independiente en el sector de agricultura en el Valle de Majes, cuestionó la falta de empatía de las evaluaciones estatales. «En la municipalidad nos dicen que no nos dan Pensión 65 porque tenemos nuestra casita. ¿Acaso quieren que uno viva en la calle o pida limosna? Pero la casa no nos da de comer ni nos lleva al hospital. Uno sobrevivió trabajando independientemente mientras el cuerpo aguantaba, pero nuestros hijos también tienen su propia carga familiar y no nos pueden mantener», relató.

Tras quedar fuera del mercado laboral, estos ciudadanos enfrentan la pérdida paulatina de la salud, la vista , sin contar con un seguro médico ni un respaldo económico.

Víctor Quispe (80 años), ex técnico electrónico, recordó cómo fue despedido en su madurez sin poder reengancharse al mercado formal. «Yo aporté diez años, pero lamentablemente nos despidieron y ya no pude conseguir trabajo formal. Hoy sufro dea vista y el oído. Nosotros aportamos cuando éramos jóvenes; la región y el municipio deberían implementar presupuestos sociales para construir velatorios, gimnasios y centros de atención para el adulto mayor» , demandó.

Si bien la solución de fondo ante esta crisis social exige reformas institucionales y políticas públicas prioritarias por parte del Estado, la empatía hacia nuestros adultos mayores también interpela a la sociedad en el día a día. Los ciudadanos podemos marcar la diferencia para honrar y respetar a esta parte de la población. Acciones tan sencillas como cederles el asiento en el transporte público, ayudarlos a cruzar la calle, escucharlos con paciencia y no hacerlos sentir que ya no valen son gestos fundamentales. La edad no debe significar rechazo ni desdén.

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