TORO MUERTO EN CASTILLA: Investigan si fue un observatorio astronómico hace más de 2 000 años

Alineaciones entre rocas grabadas, el volcán Chachani y la salida del Sol durante los equinoccios refuerzan la hipótesis de que el complejo arqueológico de Arequipa también cumplió una función de observación astronómica. Investigadores identificaron una concentración excepcional de figuras circulares en el Sector X y sostienen que el lugar habría sido un centro ceremonial visitado durante aproximadamente dos milenios.

El complejo arqueológico de Toro Muerto, ubicado en el Valle de Majes, en la provincia de Castilla, Arequipa, podría esconder una función que va más allá de su extraordinario valor como uno de los repositorios de arte rupestre más grandes del mundo. Una investigación desarrollada por especialistas peruanos y extranjeros plantea que este espacio prehispánico también habría sido concebido como un lugar para observar el Sol y otros fenómenos astronómicos.

La hipótesis se sustenta en el análisis de las alineaciones entre determinadas rocas con petroglifos, elementos del paisaje y la posición del Sol durante acontecimientos astronómicos como los equinoccios y solsticios. Los resultados abren nuevas perspectivas para comprender por qué las antiguas poblaciones del Valle de Majes eligieron este territorio para plasmar miles de representaciones sobre las superficies rocosas.

La arqueóloga Liz Gonzales Ruiz, directora del Programa de Investigación Arqueológica Toro Muerto (PRIA-TM), junto con el investigador Janusz Woloszyn, de la Universidad de Varsovia, en Polonia, encabeza los estudios que buscan reconstruir la importancia cultural, simbólica y ceremonial de este espacio.

En declaraciones a la Agencia Andina, Gonzales Ruiz sostuvo que Toro Muerto fue concebido como un espacio para la observación solar y astronómica durante la época prehispánica. Una de las principales evidencias se encuentra en el Sector X, donde los investigadores identificaron relaciones entre una roca principal, otras formaciones pétreas y el horizonte.

“Las alineaciones entre una serie de rocas con petroglifos, el volcán Chachani y la salida del Sol durante los equinoccios refuerzan la hipótesis de que el Sector X del complejo arqueológico Toro Muerto” tuvo una función astronómica, explicó la especialista.

La investigadora detalló que durante los equinoccios el Sol aparece detrás del volcán Chachani, generando una alineación entre el astro, la montaña y una roca principal del complejo. Esta observación, inicialmente planteada por Woloszyn, motivó el desarrollo de nuevas evaluaciones sobre la disposición de las piedras y su relación con los elementos naturales del entorno.

Los estudios posteriores permitieron ampliar el análisis. Ya no se trata únicamente de establecer la correspondencia entre una roca y una montaña, sino de identificar conjuntos de piedras que podrían guardar relación con colinas, pampas y otros puntos relevantes del paisaje. Algunas de estas alineaciones coincidirían con los equinoccios y solsticios.

Aunque los resultados constituyen evidencias importantes para la hipótesis arqueoastronómica, el equipo continúa realizando registros y contrastando información. Los investigadores preparan artículos científicos sobre estos avances, cuya publicación está prevista para el próximo año.

FIGURAS CIRCULARES

Uno de los aspectos que despertó el interés de los especialistas fue la distribución de determinados diseños grabados en las piedras. El Sector X, ubicado en la parte más septentrional y aislada del área de concentración de petroglifos, reúne una cantidad significativa de representaciones circulares.

Según Gonzales Ruiz, el arqueólogo Janusz Woloszyn identificó círculos, círculos concéntricos, círculos radiantes y figuras circulares acompañadas de puntos. Un dato relevante es que más del 80 % de las imágenes de este tipo registradas en Toro Muerto se concentra en este sector.

Esta particular distribución llevó a profundizar los estudios con la participación de Juan Pablo Villanueva, investigador especializado en arqueoastronomía y docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Mediante información georreferenciada de las rocas, los especialistas examinaron sus ubicaciones y posibles alineaciones. Posteriormente, realizaron nuevos registros de campo para contrastar las posiciones y establecer relaciones entre los motivos grabados, las formaciones rocosas y los distintos elementos del horizonte.

La investigación busca determinar si esta concentración de figuras circulares responde a una organización simbólica vinculada con la observación del cielo y los ciclos naturales. Por ahora, los resultados respaldan la hipótesis, pero todavía se requiere profundizar en las evidencias para establecer con mayor precisión la función que cumplió este sector.

COMPLEJO DE 50 KILÓMETROS CUADRADOS

Toro Muerto es un impresionante conjunto arqueológico que ocupa aproximadamente 50 kilómetros cuadrados en el Valle de Majes. Alberga cientos de miles de representaciones rupestres, entre figuras geométricas, antropomorfas, zoomorfas y otras imágenes que muestran animales como camélidos, felinos, aves y reptiles.

El sitio fue descubierto para la ciencia en 1951 por el arqueólogo arequipeño Eloy Linares Málaga. Desde entonces, su importancia ha sido reconocida por la extraordinaria concentración de grabados sobre piedra.

El Programa de Investigación Arqueológica Toro Muerto, dirigido por Gonzales Ruiz y Woloszyn, inició sus actividades hace aproximadamente once años, aunque los especialistas ya desarrollaban estudios en la zona desde mucho antes.

Uno de los principales resultados del proyecto es el registro de alrededor de 2 600 rocas con petroglifos. Estas se encuentran concentradas en aproximadamente diez kilómetros cuadrados, dentro de las 50 hectáreas de área arqueológica delimitada para su protección por el Ministerio de Cultura.

La cifra podría incrementarse conforme avancen las investigaciones, debido a que durante las excavaciones se encontraron piedras que habían quedado cubiertas por antiguos aluviones. Estas evidencias fueron incorporadas a la base de datos del proyecto.

Gonzales Ruiz destacó que no se conoce otro lugar en el Perú que reúna una concentración semejante de rocas grabadas en una extensión tan reducida. Algunas de ellas presentan paneles con más de 150 unidades gráficas.

Sin embargo, la especialista precisó que el objetivo de los investigadores no es establecer una cifra total de imágenes, sino comprender el contenido de cada roca y su relación con el conjunto arqueológico.

Complejo arqueológico de Toro Muerto está ubicado en el Valle de Majes (Castilla-Arequipa).

ENIGMÁTICOS DANZANTES DE TORO MUERTO

Entre las representaciones más particulares del complejo destacan los llamados “Danzantes”, figuras antropomorfas que constituyen una de las expresiones más distintivas del arte rupestre de este lugar.

Estos personajes presentan posturas dinámicas, con brazos o pies levantados, además de rasgos faciales que parecen representar lágrimas, pinturas o máscaras. Sus características no tienen paralelos conocidos en otros sitios de arte rupestre de la costa peruana ni en otras expresiones locales o sudamericanas, según explicó la arqueóloga.

El catálogo Toro Muerto, volumen I, organiza las representaciones identificadas en tres grandes categorías: geométricas, zoomorfas, que corresponden a figuras de animales, y antropomorfas, relacionadas con formas humanas. Cada grupo comprende distintas variantes.

Respecto a su antigüedad, Gonzales Ruiz indicó que, a partir de comparaciones con información arqueológica de otros investigadores del valle y la región, los danzantes se ubicarían entre el final del periodo Formativo y el inicio del Intermedio Temprano. Esto significa que podrían corresponder a un periodo comprendido aproximadamente entre el año 150 antes de Cristo y el 300 o 350 después de Cristo.

No obstante, el equipo todavía no ha establecido una secuencia cronológica definitiva para todos los diseños, debido a que primero busca comprender la diversidad gráfica y las características de las representaciones.

CENTRO CEREMONIAL

Otro de los planteamientos de la investigación es que Toro Muerto no habría sido un asentamiento habitacional convencional, sino un espacio ceremonial al que acudían periódicamente las poblaciones que vivían en el Valle de Majes y posiblemente habitantes de otras zonas geográficas, tanto de las partes altas como bajas.

A diferencia de otros centros ceremoniales prehispánicos, cuya importancia se manifiesta mediante edificios y estructuras arquitectónicas, en Toro Muerto el valor del espacio estaría relacionado con la concentración de rocas grabadas y la continuidad de su utilización.

De acuerdo con Gonzales Ruiz, el lugar habría cumplido una función ceremonial durante aproximadamente 2 000 años. Las poblaciones que transitaban por el valle habrían llegado hasta este territorio para desarrollar prácticas vinculadas con la naturaleza y el paisaje.

Esta interpretación modifica la manera de entender el complejo arqueológico. No se trataría solamente de un espacio donde las antiguas poblaciones dejaron dibujos sobre las piedras, sino de un territorio con significado social, cultural y simbólico, al que acudían para realizar actividades que todavía son materia de investigación.

Para profundizar en estos estudios, el programa utiliza herramientas tecnológicas que permiten registrar con mayor precisión las características y ubicación de cada evidencia arqueológica.

Entre los equipos empleados figuran cámaras digitales profesionales, sistemas de posicionamiento global diferencial (GPS/RT), estaciones totales y sistemas de información geográfica (SIG). Los instrumentos de georreferenciación permiten determinar la ubicación de las rocas con márgenes de error inferiores a un centímetro.

La información obtenida se integra en sistemas digitales que facilitan identificar la distribución de determinados motivos. De esta manera, los especialistas pueden localizar las representaciones de aves, figuras geométricas o personajes antropomorfos y analizar su presencia en diferentes sectores.

En la temporada más reciente, el equipo también aplicó georradar (GPR) en el Sector X, con el apoyo de la Universidad de Arizona, como parte de las investigaciones para ampliar el conocimiento del subsuelo.

Sin embargo, Gonzales Ruiz advirtió que estas herramientas no reemplazan la interpretación arqueológica. Uno de los principales desafíos continúa siendo establecer la antigüedad de los petroglifos, para lo cual se requiere contrastar diferentes métodos y evidencias.

Investigaciones en el Sector X del complejo arqueológico Toro Muerto continúan.

PUBLICARÁN HASTA 4 VOLÚMENES

Los avances del programa también se encuentran plasmados en el primer volumen del Catálogo de Arte Rupestre de Toro Muerto, que reúne los resultados de los primeros cinco años de trabajo. La publicación contiene alrededor de 5 000 imágenes de las rocas registradas, acompañadas de documentación especializada y datos de georreferenciación.

El proyecto prevé publicar hasta cuatro volúmenes, incorporando progresivamente nuevos resultados y registros. Aunque las labores de campo se interrumpieron durante la pandemia, los investigadores continuaron desarrollando análisis y procesando la información recopilada.

Actualmente, el programa mantiene diversas líneas de investigación, entre ellas arqueoastronomía, geoarqueología, arqueología vertical, conservación, bioarqueología, arqueobotánica y arqueología de la alimentación. Esta última busca reconstruir la dieta de las poblaciones antiguas mediante el análisis de residuos alimenticios encontrados durante las excavaciones.

También se desarrollan investigaciones históricas y etnográficas para reconstruir la transformación del Valle de Majes y conocer qué prácticas y productos alimenticios podrían haberse mantenido a lo largo del tiempo.

La arqueóloga explicó que el paisaje actual, marcado por una intensa actividad agrícola y cultivos como arroz, papa y cebolla, era diferente durante las épocas prehispánicas. Por ello, los investigadores buscan establecer cómo evolucionaron las condiciones ambientales y culturales de este territorio.

Los resultados obtenidos han permitido que Toro Muerto gane presencia en espacios académicos internacionales dedicados al estudio del arte rupestre.

El sitio fue descubierto para la ciencia en 1951 por el arqueólogo arequipeño Eloy Linares Málaga.

Las investigaciones todavía tienen interrogantes por resolver. Sin embargo, la posible función astronómica del Sector X abre una nueva perspectiva sobre el significado de este complejo arqueológico arequipeño: un lugar donde las antiguas poblaciones no solo dejaron sus representaciones en piedra, sino que posiblemente también establecieron relaciones entre sus prácticas ceremoniales, el movimiento del Sol y los elementos del paisaje que las rodeaban.

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