ABRAMOS EL CORAZÓN
Por: Javier Del Río Alba – Arzobispo de Arequipa
El Papa León XIV ya está cerca. Como sabemos, el viaje apostólico que lo está trayendo a nuestro país comenzó el viernes 6 de este mes en Uruguay, donde estará hasta esta tarde del domingo 8 en que se trasladará a Argentina y de ahí al Perú el día 11. León XIV es el segundo Papa que visita Uruguay y Argentina. El anterior fue san Juan Pablo II. Para nuestros hermanos de esas naciones han pasado casi cuarenta años desde la visita de un Sumo Pontífice. Nosotros hemos tenido la gracia de que san Juan Pablo II nos visitara dos veces, en 1985 y 1988, y el Papa Francisco lo hiciera en el año 2018. Tres visitas memorables, que quienes tuvimos la gracia de vivirlas guardamos en el corazón. Ahora estamos a las puertas de la cuarta visita papal, en apenas 41 años, y la alegría comienza a desbordar nuestro corazón porque, además, el Papa que esta vez nos visita es peruano, ha vivido entre nosotros más de veinte años y conoce muy bien nuestra realidad. León XIV regresa al país donde, hacia el año 1985, llegó por primera vez como joven sacerdote misionero de la Orden de San Agustín, volvió dos veces para ejercer diversos cargos eclesiásticos por varios años, y de aquí partió a Roma llamado por el Papa Francisco, con quien colaboró durante la última etapa de su pontificado y finalmente lo sucedió como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal.
Como lo ha dicho hace pocos días, el Papa León se siente feliz de volver a estas tierras. Y lo hace, como también lo ha dicho, con el deseo de fortalecer en nosotros la fe, renovar la esperanza y reavivar el fuego de la caridad. Viene para saludarnos personalmente y lo hará con el mismo saludo de paz con el que comenzó su pontificado: «la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, que proviene de Dios que nos ama a todos incondicionalmente» (Primera bendición “Urbi et orbi”, 8.V.2025). Una paz, la única verdadera, que todos necesitamos siempre, pero especialmente en épocas como la que ahora nos está tocando vivir en que, a la polarización que viene marcando a nuestra clase política y se extiende a diversos segmentos de la sociedad, se añade la extendida inseguridad ciudadana, la gravedad del fenómeno de El Niño que ya comenzamos a sentir y sus posibles efectos en detrimento de la economía nacional, que afectan con mayor severidad a nuestros hermanos más desfavorecidos.
¡Abramos el corazón! Es el lema que los obispos del Perú hemos elegido para esta visita papal. Un lema que, al mismo tiempo, es una llamada a todos los peruanos. Abrir el corazón a este compatriota que viene a visitarnos, abrir el corazón al mensaje que nos trae y, acogiendo la palabra que nos dará, abrir el corazón a Cristo, «Príncipe de Paz» (Is 9,5) y a Dios que nos ama de modo incondicional y gratuito. Si así lo hacemos, tendremos la gracia de experimentar que, poco a poco, nuestro corazón se va abriendo también a nuestros conciudadanos, y así podremos ser una verdadera nación que construye puentes a través del diálogo, que busca siempre el vínculo de la caridad y que trabaja unida por el bien común de cuantos la conformamos, con especial atención a quienes más sufren.
