La economía no espera discursos
El Ejecutivo todavía tiene margen para corregir el rumbo. Lo que no puede hacer es minimizar las cifras ni responsabilizar a factores externos sin revisar sus propias decisiones. La economía necesita confianza, pero, sobre todo, un Gobierno que demuestre con hechos que sabe hacia dónde conduce al país.
ESCENARIO AFECTA EMPLEO Y ACTIVIDAD PRODUCTIVA
La caída de la confianza empresarial a 49,5 puntos, luego de tres meses de gobierno de Keiko Fujimori, constituye una señal de advertencia que el Ejecutivo no puede ignorar. Por primera vez desde el inicio de esta administración, las expectativas sobre el rumbo de la economía ingresaron al terreno pesimista. No se trata de una cifra aislada ni de una percepción que pueda resolverse con declaraciones optimistas. Es un indicador de la incertidumbre que comienza a instalarse entre quienes producen, invierten y generan empleo.
El deterioro alcanza también a la demanda de productos y servicios, que descendió a 47,3 puntos. A ello se suman retrocesos en las proyecciones de inversión y contratación de personal, así como una menor expectativa sobre la situación de los negocios. Aunque 16 de los 18 indicadores empresariales todavía permanecen por encima de los 50 puntos, el retroceso general merece atención. La confianza económica puede deteriorarse antes de que sus efectos aparezcan en las estadísticas de empleo, producción y consumo.
El problema es que el país no puede permitirse otro periodo de parálisis. La inversión privada necesita estabilidad política, reglas claras, seguridad jurídica y condiciones que permitan planificar a mediano y largo plazo. Ningún empresario compromete recursos importantes cuando percibe que las decisiones gubernamentales son impredecibles o que el escenario político puede cambiar las reglas de juego en cualquier momento.
La consecuencia de esta incertidumbre no se limita a las grandes empresas. Cuando se postergan proyectos, se reducen contrataciones o se restringe la actividad productiva, los primeros afectados suelen ser los trabajadores, las pequeñas empresas y los negocios que dependen del movimiento económico. Menos inversión significa menos oportunidades laborales y menores posibilidades de crecimiento para miles de familias.
El Gobierno debe entender que la confianza no se recupera mediante anuncios ni campañas de comunicación. Se construye con resultados verificables, responsabilidad fiscal, instituciones que funcionen y una estrategia económica que trascienda la coyuntura política. También requiere enfrentar la inseguridad ciudadana, combatir la corrupción y garantizar condiciones para que producir e invertir no se convierta en una actividad sometida a riesgos permanentes.
Los primeros tres meses de una administración no determinan necesariamente el resultado de todo un mandato, pero sí ofrecen señales sobre su capacidad para conducir el país. La caída de las expectativas empresariales es una de ellas.
