Arroceros anuncian paro para el 25 de mayo contra importaciones
Por Jorge Turpo R.
Importación de arroz, afecta la producción nacional del cereal. Productores de Arequipa exigen elevar aranceles y priorizar compra de arroz nacional en programas sociales.
PREOCUPACIÓN POR ARANCELES
El arroz peruano atraviesa una de sus peores crisis de los últimos años. Los productores arroceros de diferentes regiones del país, especialmente de Arequipa, anunciaron un paro nacional para el próximo 25 de mayo en protesta por la masiva importación de arroz extranjero, una situación que ha provocado pérdidas económicas, endeudamiento y el colapso de la última campaña agrícola.
En el valle de Majes, una de las principales zonas arroceras del sur del Perú, se cultivan alrededor de seis mil hectáreas de arroz. Sin embargo, la reciente campaña grande dejó un sabor amargo entre los agricultores.
Muchos de ellos afirman que ni siquiera lograron recuperar los costos de producción después de meses de trabajo, inversión y riesgo climático.
El alcalde provincial de Castilla, Renzo Pastor, respaldó públicamente el reclamo de los productores y advirtió que el sector atraviesa una situación límite.
Según explicó, los molinos se encuentran actualmente saturados de arroz que no puede ser comercializado porque el mercado está inundado de producto importado.
“Los agricultores están desesperados. Han trabajado casi un año completo y hoy el precio del arroz no cubre ni lo que costó sembrarlo”, señaló.
Actualmente, el saco de arroz pelado se vende alrededor de 160 soles, cuando el precio debería bordear los 220 soles para que el productor obtenga una ganancia razonable y pueda sostener la siguiente campaña agrícola. La diferencia representa pérdidas que golpean directamente a miles de familias que dependen de este cultivo.
Los arroceros atribuyen esta crisis a dos factores principales. El primero es la sobreproducción registrada durante la última campaña.
El segundo, y el más cuestionado por los productores, es la importación masiva de arroz procedente de Brasil, Uruguay y Paraguay, favorecida por el Tratado de Libre Comercio con el Mercosur.
Según los agricultores, los bajos aranceles permitieron el ingreso de arroz extranjero a precios mucho más competitivos que el nacional, generando una competencia que consideran desigual. Mientras otros países protegen a sus productores agrícolas con políticas restrictivas y subsidios, los agricultores peruanos sienten que el Estado los ha dejado expuestos.
“El problema no es competir. El problema es competir en condiciones injustas”, sostienen dirigentes del sector, quienes aseguran que las normas aprobadas por el Gobierno terminaron beneficiando principalmente a importadores y grandes comercializadores.
En los últimos meses, los molinos de las zonas productoras comenzaron a llenarse de sacos que no encuentran compradores. El panorama se volvió más crítico porque muchos agricultores financiaron sus campañas con préstamos bancarios o créditos agrícolas. Hoy enfrentan deudas que no pueden pagar debido al desplome de los precios.
La protesta del 25 de mayo busca llamar la atención del Ejecutivo sobre una situación que los productores consideran insostenible. Entre sus principales demandas figura la revisión del esquema arancelario para la importación de arroz. Los agricultores piden elevar los aranceles con el objetivo de equilibrar los precios y permitir que el arroz peruano pueda competir en mejores condiciones.

Otra exigencia apunta a los programas sociales del Estado. Los productores solicitan que instituciones como los municipios y programas alimentarios prioricen la compra de arroz producido en los valles peruanos. Consideran que esa medida permitiría garantizar un mercado mínimo para los agricultores nacionales y evitar el colapso del sector.
Detrás de esta protesta existe también un temor mayor: el riesgo de perder la producción nacional de arroz. Los agricultores advierten que, si las pérdidas continúan, muchos dejarán de sembrar en las próximas campañas porque ya no resulta rentable trabajar la tierra.
La preocupación no es menor. El arroz es uno de los alimentos más consumidos por las familias peruanas y forma parte esencial de la canasta básica. Una reducción progresiva de la producción nacional podría generar, en el futuro, una dependencia casi total de las importaciones.
“¿Qué pasará cuando el agricultor peruano ya no pueda sembrar?”, se preguntan los productores. La interrogante encierra un debate que va más allá de los precios actuales y tiene que ver con la seguridad alimentaria del país.
En regiones como Arequipa, donde la agricultura sostiene gran parte de la economía rural, el impacto ya comienza a sentirse. Menores ingresos significan menos movimiento comercial, menos empleo temporal y más incertidumbre para cientos de familias que viven alrededor de la cadena productiva del arroz.
Mientras tanto, los productores afinan los detalles de la movilización nacional del 25 de mayo. Esperan que la protesta obligue al Gobierno a abrir una mesa de diálogo y revisar una política comercial que, según afirman, hoy está dejando al arroz peruano al borde de la quiebra.
