La expansión digital
Por Andrea Flores.
Hasta hace apenas algunos años, conectarse a internet en numerosas zonas rurales del Perú era un privilegio limitado para unos pocos. Miles de familias debían caminar varios kilómetros para encontrar señal telefónica o acercarse a plazas públicas donde, con suerte, podían acceder a una conexión inestable. Actividades hoy tan comunes como realizar una videollamada, enviar tareas escolares o efectuar trámites virtuales eran prácticamente imposibles en gran parte del país. Sin embargo, el panorama comenzó a cambiar de manera acelerada y el Perú vive actualmente una de las mayores transformaciones digitales de las últimas décadas.
Las cifras reflejan con claridad este avance. Según la Encuesta Residencial de Servicios de Telecomunicaciones (Erestel) 2025 del Osiptel, el 85,8 % de hogares rurales ya cuenta con acceso a internet, ya sea fijo o móvil. En 2019, esa cifra apenas llegaba al 41,5 %. Es decir, en solo seis años el acceso prácticamente se duplicó, marcando uno de los crecimientos más rápidos registrados en el sector telecomunicaciones.
Este avance no representa únicamente un incremento estadístico. Significa también que el internet dejó de ser un servicio concentrado en Lima y algunas ciudades principales para extenderse progresivamente hacia comunidades alejadas que históricamente estuvieron excluidas de la conectividad digital.
A nivel nacional, la expansión también ha sido notable. Actualmente, el 96 % de hogares peruanos dispone de acceso a internet, muy por encima del 76,2 % registrado en 2019. El principal impulso proviene del internet móvil, cuya expansión permitió llegar a lugares donde instalar infraestructura fija todavía resulta complejo. En las zonas rurales, el acceso mediante telefonía móvil alcanzó el 83,4 %, consolidándose como la herramienta clave para cerrar brechas.
La transformación social que acompaña este proceso es evidente. El internet dejó de ser solo un mecanismo de comunicación para convertirse en una plataforma de educación, comercio, empleo y acceso a servicios públicos. Hoy millones de personas venden productos mediante redes sociales, realizan operaciones bancarias desde el celular o acceden a consultas y trámites sin necesidad de desplazarse largas distancias. Incluso las billeteras digitales ya forman parte de la vida cotidiana de gran parte de la población.
No obstante, el crecimiento de la cobertura no significa que todos los problemas estén resueltos. Persisten importantes desafíos relacionados con la calidad del servicio y la verdadera inclusión digital. Muchas localidades rurales aún dependen exclusivamente de conexiones móviles inestables, con velocidades reducidas y constantes interrupciones. La brecha ya no solo es de acceso, sino también de calidad.
Por ello, el país necesita continuar invirtiendo en infraestructura tecnológica y fortalecer políticas públicas orientadas a la alfabetización digital. La conectividad debe ir acompañada de capacitación y oportunidades reales para aprovechar las herramientas tecnológicas.
En medio del actual escenario electoral, este tema debería ocupar un lugar prioritario en las propuestas de gobierno. Reducir las brechas digitales no es únicamente modernizar al país; es también democratizar oportunidades, impulsar el desarrollo económico y construir un Perú más integrado e inclusivo.
