Pásame tu cuenta y te deposito un halago
Por Úrsula Angulo
SIN AMBAGES
El vestido bonito y el cabello recién peinado. Es el momento ideal, antes de que empiece la fiesta, para unas cuantas tomas. Apúrate, toma la foto antes de que el calor empiece a deshacer el maquillaje. Mano a la cintura; con lentes de sol; sin lentes; mirando hacia allá para que parezca que ni cuenta me di y me estaban tomando una foto; seria; sonriente; la música aún no empieza, pero una como si estuviera bailando… Listo, unos cuantos (o varios) filtros y a las redes sociales cuanto antes. Like, like, like y empiezan los comentarios: «Bella como siempre, amiga», «¡Guapa, guapa, guapa!», «Amiga bella, ¡qué regia estás!» —aunque con menos comas y más signos de admiración—.
En otros tiempos, hubiera sido necesario un libro contable, pero ahora los halagos se quedan debajo de las fotos en las redes y eso sirve como registro para contar el número de comentarios y sus propietarios. Son un «pásame tu número de cuenta que ahora mismo te deposito un cumplido; para eso estamos, faltaba más». Y esa transacción es simplemente una inversión a corto plazo porque tu comentario tendrá un retorno y quizá con intereses bastante rentables; así que la frase halagadora que haces hoy en poco tiempo puede convertirse en la frase halagadora que te hacen a ti.
Así parecieran funcionar las redes sociales de los mortales sin fama hollywoodense. Es como un convenio tácito con cláusulas de hoy por ti, mañana por mí. Ahora, lo interesante sería saber cuál es el objetivo de este contrato, porque ya a estas alturas son evidentes los favores que deben devolverse en las redes del ciberespacio, pero ¿qué es lo que se busca? Por supuesto, muchos comentarios deben de ser sinceros y nacen del afecto, la admiración y el aprecio, claro que sí; pero una cantidad muy significativa de estos mensajes perdurables, más que elogios, bien podría ser una forma de adulación, como decía, a manera de inversión. Parecieran ser una clase de moneda, sí, eso, una moneda social que tiene mucho valor. Y aunque no se sabe el tipo de cambio, no hay duda de que sale a cuenta usarla en las negociaciones de las redes de ese universo sideral.
Nada es gratis y halago con halago se paga. Y ya no importa cuál es real y cuál es adulador, porque ambos aportan en esa otra dimensión que también habitamos.
