La misión de los bomberos peruanos en la tragedia de Venezuela
«Cuando todos huyen, ellos avanzan». Esa frase resume la esencia del trabajo de los bomberos. Mientras miles de familias abandonan edificios agrietados y ciudades convertidas en montañas de concreto, un grupo de 44 peruanos emprendió el viaje en sentido contrario: hacia el corazón del desastre.
LOS HÉROES QUE VIAJAN HACIA LA ESPERANZA
La imagen del joven Aaron Levi, de 21 años, emergiendo con vida luego de permanecer cinco días atrapado bajo toneladas de concreto en La Guaira, le dio un nuevo significado a una palabra que parecía extinguirse con el paso de las horas: esperanza.
Su rescate confirmó que, incluso cuando las probabilidades juegan en contra, todavía puede existir un sobreviviente esperando ser encontrado.
Con esa certeza llegó a Venezuela el Grupo USAR Perú, integrado por 44 bomberos especializados en búsqueda y rescate urbano, la única unidad peruana certificada bajo los estándares internacionales de INSARAG, organismo de las Naciones Unidas que coordina las operaciones de rescate en grandes desastres alrededor del mundo.
Su misión es sencilla de explicar, pero extremadamente difícil de ejecutar: encontrar personas con vida entre edificios colapsados.
LA CARRERA CONTRA EL RELOJ
Los especialistas llaman «la ventana de oro» a las primeras 72 horas después de un terremoto. Es durante ese periodo cuando existen mayores posibilidades de hallar sobrevivientes.
Pero la naturaleza no siempre sigue las estadísticas.
AARON LEVI SOBREVIVIÓ 5 DÍAS
Ese hallazgo renovó el ánimo de los cientos de rescatistas internacionales que trabajan sin descanso entre montañas de concreto, hierro retorcido y polvo.
Para los bomberos peruanos significó una confirmación de aquello para lo que entrenan desde hace décadas: nunca abandonar una búsqueda mientras exista la mínima posibilidad de encontrar vida.
Cada edificio derrumbado es un rompecabezas gigantesco. No basta con remover escombros. Primero hay que escuchar. Después buscar señales. Analizar la estabilidad de la estructura.
Evitar que otro colapso termine atrapando también a los rescatistas. Solo entonces comienza el ingreso.
MUCHO MÁS QUE BOMBEROS
El equipo peruano no está conformado únicamente por hombres con cascos y herramientas.
Entre sus integrantes hay médicos, ingenieros civiles, arquitectos, especialistas en materiales peligrosos, paramédicos, operadores de equipos electrónicos y guías caninos.
También viajan cuatro mujeres bomberas y la perra rescatista Kaira, entrenada para detectar personas vivas mediante el olfato.

CADA UNO TIENE UNA MISIÓN ESPECÍFICA
Mientras unos estabilizan estructuras, otros ingresan por pequeños túneles abiertos entre los escombros.
Los médicos permanecen listos para atender a una víctima apenas es localizada. Todo ocurre bajo una estricta coordinación. Porque un error puede costar otra vida. Veinticinco años preparándose para este momento
El comandante del contingente, Brigadier Mayor Claudio Sáenz Hostoz, resume la experiencia del grupo en una cifra: más de 25 años de entrenamiento permanente.
Han participado en el terremoto de Pisco de 2007, en emergencias internacionales, simulacros de gran magnitud y rescates complejos dentro del Perú.
Cada misión ha servido para perfeccionar protocolos que hoy ponen nuevamente a prueba.
No existe espacio para la improvisación. Cada herramienta tiene un propósito. Cada movimiento responde a un procedimiento previamente ensayado.
CUÁNDO EL SILENCIO HABLA
En los grandes terremotos llega un momento en que el ruido de las máquinas debe detenerse.
Entonces aparece el silencio. Es el instante más importante para un rescatista.
Todos guardan absoluto mutismo. Solo se escuchan respiraciones contenidas. Alguien golpea suavemente una tubería. Otro llama por un nombre. Los perros comienzan a recorrer los escombros. Las cámaras con fibra óptica se introducen entre pequeñas grietas.
Un sonido. Un movimiento. Un leve golpe desde el interior. Cualquier señal puede cambiar el destino de una operación.
EL PERÚ TAMBIÉN AYUDA
La presencia peruana en Venezuela no se limita al equipo USAR. El Gobierno envió más de 14 toneladas de ayuda humanitaria en un avión Hércules de la Fuerza Aérea.
Alimentos, carpas, frazadas, ropa y artículos de primera necesidad forman parte del cargamento destinado a miles de damnificados.
Paralelamente, la Cancillería evacuó a dos ciudadanos peruanos residentes en La Guaira y mantiene la búsqueda de cuatro connacionales reportados como desaparecidos.
EL DESAFÍO MÁS DIFÍCIL
Con el paso de los días, las posibilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen. La deshidratación, las lesiones y la falta de oxígeno reducen drásticamente las probabilidades.
Sin embargo, los bomberos conocen historias que desafían toda lógica.
Personas encontradas después de una semana. Niños protegidos por pequeños espacios entre columnas. Adultos que sobrevivieron gracias a una tubería rota que les proporcionó agua.
Por eso siguen buscando. Porque mientras no exista una certeza, siempre queda una posibilidad.
Los héroes que nadie conoce. Los nombres de los bomberos rara vez ocupan titulares.
No buscan protagonismo. Su trabajo consiste precisamente en que otros vuelvan a casa.
Cuando terminan una misión regresan al Perú casi en silencio. Sin desfiles. Sin reconocimientos multitudinarios.
Con el cansancio reflejado en el rostro y la satisfacción de haber hecho todo lo posible.
Hoy esos hombres y mujeres representan al país en una de las mayores tragedias que ha vivido Venezuela en los últimos años. No llevan armas. No llevan discursos.
Llevan cascos, cuerdas, equipos de rescate, perros entrenados y una convicción que resume el espíritu bomberil: mientras exista una posibilidad de encontrar vida, vale la pena seguir buscando.
Porque, como demostró el rescate de Aaron Levi, a veces la esperanza permanece escondida bajo toneladas de concreto, esperando que alguien no deje de creer en ella.
BALANCE ACTUALIZADO
- 33 personas rescatadas con vida.
- 1 719 fallecidos.
- 5 034 heridos.
- 15 866 damnificados.
- Más de 600 réplicas registradas desde el sismo principal.
