Un gabinete que debe marcar el rumbo
Por: Carlos Meneses
Las primeras decisiones suelen marcar el tono de una administración. Por ello, el 28 de julio no solo será una ceremonia de cambio de mando, sino el momento en que el nuevo gobierno empezará a demostrar si está realmente preparado para conducir al Perú con responsabilidad, eficiencia y visión de futuro.
El próximo 28 de julio no solo marcará el inicio de un nuevo gobierno. También será el primer examen de la presidenta electa, Keiko Fujimori, para demostrar que está preparada para enfrentar un país que demanda decisiones rápidas, estabilidad política y resultados concretos. La posibilidad de que el gabinete ministerial sea juramentado el mismo día de la transmisión de mando es una señal de que el Ejecutivo buscaría ganar tiempo frente a una agenda cargada de desafíos.
La decisión de solicitar el cambio de fecha de la tradicional ceremonia de acción de gracias organizada por las iglesias evangélicas no es un detalle protocolar. Refleja la intención de concentrar las primeras horas del nuevo gobierno en la conformación del equipo que tendrá la responsabilidad de conducir el Estado durante los próximos cinco años. En política, los símbolos importan, pero las acciones pesan mucho más.
Sin embargo, la rapidez no puede convertirse en sinónimo de improvisación. La conformación del gabinete será observada con atención por la ciudadanía, los sectores económicos, las regiones y la comunidad internacional. Los nombres que integren el Consejo de Ministros deberán transmitir confianza, solvencia técnica y capacidad de diálogo, cualidades indispensables en un escenario donde la polarización política todavía deja profundas huellas.
El proceso de transferencia de gestión también adquiere especial relevancia. Los informes que recibirán los equipos del nuevo gobierno permitirán conocer el verdadero estado de las finanzas públicas, los proyectos de inversión, las obras paralizadas y los problemas que arrastran sectores clave como salud, educación, seguridad e infraestructura. Un diagnóstico serio es el punto de partida para diseñar políticas públicas eficaces y evitar que los primeros meses de gobierno se consuman entre excusas y recriminaciones.
Los peruanos esperan respuestas inmediatas frente a la inseguridad ciudadana, el crecimiento de la economía, la generación de empleo y la ejecución de obras que permanecen estancadas desde hace años. También aguardan señales claras de respeto al Estado de derecho, lucha contra la corrupción y fortalecimiento de las instituciones democráticas.
En ese contexto, resulta acertado que el gobierno entrante priorice la organización de su equipo de trabajo desde el primer día. No obstante, la verdadera evaluación comenzará después de la juramentación, cuando las promesas deban transformarse en políticas públicas y resultados verificables.
El país necesita un Ejecutivo que privilegie el diálogo sobre la confrontación y que gobierne pensando en todos los peruanos, más allá de las diferencias políticas. El gabinete ministerial no debe responder únicamente a equilibrios partidarios, sino a la necesidad de contar con profesionales capaces de gestionar un Estado complejo y atender las urgencias nacionales.
