Fragmentación política

debilitan la democracia

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) garantiza que las Elecciones Regionales y Municipales del 4 de octubre se desarrollarán con transparencia y con las condiciones necesarias para que los resultados expresen la voluntad ciudadana. La garantía institucional es indispensable, pero no suficiente. El verdadero desafío de estos comicios está también en la calidad de la representación que surgirá de las urnas.

Más de 100 mil candidatos participan en el país, una cifra que refleja la enorme fragmentación del escenario político. En lugar de fortalecer la competencia democrática, la proliferación de candidaturas puede terminar dispersando el voto, dificultando que los ciudadanos distingan propuestas y favoreciendo la elección de autoridades con porcentajes reducidos de respaldo.

La fragmentación política no es necesariamente negativa. La pluralidad permite que diferentes sectores de la sociedad estén representados. El problema aparece cuando esa diversidad no está acompañada de organizaciones políticas sólidas, propuestas claras y liderazgos capaces de construir consensos. Entonces, el pluralismo puede convertirse en atomización y la representación en una suma de intereses particulares.

En Arequipa, la situación merece especial atención. Los electores deberán escoger autoridades regionales, provinciales y distritales en un escenario con numerosas alternativas. Para el Gobierno Regional, además, existe una segunda vuelta si ninguna fórmula supera el 30 % de los votos válidos. Esto evidencia hasta qué punto el voto disperso puede impedir que una candidatura alcance un respaldo mayoritario en primera instancia.

Pero ganar una elección no significa necesariamente contar con una mayoría social sólida. Una autoridad elegida con una fracción reducida del electorado tiene la obligación de buscar consensos mucho más amplios. De lo contrario, el resultado electoral puede traducirse en gobiernos débiles, enfrentados permanentemente con sus consejos regionales o municipales y con dificultades para ejecutar sus programas.

Por ello, la responsabilidad no corresponde solamente al JNE y a los demás organismos electorales. Los candidatos deben abandonar la política basada exclusivamente en slogans, ataques y promesas difíciles de cumplir. Deben explicar qué harán, cuánto costará y de dónde saldrán los recursos. Los ciudadanos, por su parte, tienen el deber de informarse, comparar trayectorias y propuestas y no convertir el voto en una decisión improvisada.

La democracia no se debilita porque existan muchas opciones. Se debilita cuando la fragmentación impide construir acuerdos, cuando el voto se dispersa sin una evaluación responsable y cuando las organizaciones políticas carecen de capacidad para representar intereses colectivos.

RESALTAR

El 4 de octubre no estará en juego solamente quién gana una elección. Estará en juego la posibilidad de construir gobiernos regionales y municipales con legitimidad suficiente para gobernar. La transparencia del proceso es fundamental; pero después de contar los votos comenzará el verdadero reto: convertir una sociedad políticamente fragmentada en una sociedad capaz de ponerse de acuerdo sobre su futuro.

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