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SEGÚN ESTUDIO DE HÁGASE INSTITUTO
Distancias: joven rural tiene 3 veces menos
oportunidades de concluir estudios superiores


El país ha mejorado en servicios, educación y condiciones de vida durante las últimas dos décadas, pero las diferencias entre ciudadanos siguen siendo profundas. El empleo formal es el principal rezago en 11 de los 24 departamentos y Arequipa destaca por su capital humano, aunque mantiene una importante deuda en inversión.
Por Jorge Turpo R.
El Perú ha avanzado en las últimas dos décadas, pero cada vez le cuesta más acortar las distancias que separan a sus ciudadanos de las oportunidades que necesitan para mejorar sus condiciones de vida. Esa es una de las principales conclusiones de El mapa de las distancias del Perú, estudio elaborado por Hágase Instituto a partir de 40 indicadores oficiales para los 24 departamentos del país.
El informe propone cambiar la mirada tradicional de las “brechas” por la idea de “distancias”. Una brecha mide cuánto falta para alcanzar una meta; una distancia, en cambio, permite observar qué tan lejos está una persona de aquello que necesita: agua segura, un empleo formal, educación de calidad o un Estado capaz de cumplir las normas.
La medición comprende tres periodos: 2007-2010, 2015-2018 y 2022-2026.
El resultado general es alentador, aunque revela un nuevo desafío. Utilizando una composición constante de 22 indicadores de servicios, empleo formal y capital humano, el índice nacional pasó de 34 puntos en el primer periodo a 51,7 en el segundo y 60,2 en el tercero.
Es decir, los 24 departamentos mejoraron sin excepción. Sin embargo, más de dos tercios de ese avance se produjo durante la primera mitad del periodo analizado. La convergencia continúa, pero a un ritmo menor.
¿Por qué se desaceleró? Luis Miguel Castilla, exministro de Economía y presidente de Hágase Instituto, encuentra una explicación en la naturaleza de los problemas pendientes. La expansión de infraestructura permitió importantes avances iniciales: hoy la electricidad alcanza al 96,2% de los hogares. Pero cerrar las distancias que quedan resulta más complejo.
Ya no basta con llevar una conexión eléctrica o construir infraestructura. El desafío está en garantizar agua segura, mejorar los aprendizajes, reducir la anemia y generar empleos con contrato, pensión y protección social.
El mercado laboral aparece como uno de los principales problemas. El 73,9% del empleo es informal y la distancia al empleo formal es la dimensión más rezagada en 11 de los 24 departamentos.
Solo el 25,5% de la población económicamente activa ocupada está afiliada a un sistema de pensiones y el 26,7% cuenta con afiliación contributiva a EsSalud. Menos de la mitad de los asalariados privados tiene contrato.
Pero las mayores distancias no necesariamente están entre regiones. Muchas veces están entre personas. Un peruano que vive en el ámbito rural obtiene, en promedio, S/ 6 por cada S/ 10 que gana uno urbano.
Un joven urbano tiene tres veces más probabilidades de concluir la educación superior que uno rural. En educación superior, solo el 32,5% de los jóvenes de 25 a 34 años ha culminado esos estudios; Arequipa registra el mejor resultado departamental, con 49,5%, frente al 16,6% de Ucayali.
Arequipa aparece dentro del grupo denominado “Sur de alto capital humano”, junto con Moquegua y Tacna. Los tres departamentos sobresalen por sus resultados en capital humano y servicios, pero comparten una debilidad: la distancia en inversión.
En el caso arequipeño, el subíndice de capital humano alcanza uno de los niveles más altos del país, mientras que el de inversión llega apenas a 46,4 puntos. El informe advierte que Arequipa, al igual que Moquegua, tiene dificultades para convertir su presupuesto de inversión en obras terminadas y en funcionamiento.
Es decir, el problema ya no sería únicamente contar con recursos, sino lograr que estos se transformen efectivamente en resultados para la población.
A escala nacional, el panorama institucional también preocupa. Entre 2015-2018 y 2022-2026, la distancia de inversión mejoró de 55,5 a 61,4 puntos, pero la distancia entre la norma y la realidad cayó de 51,5 a 40,6.
Fue el único de los cinco componentes que retrocedió. La confianza en las municipalidades distritales disminuyó y aumentaron los casos de corrupción en trámite.
Para Luis Miguel Castilla, estos resultados plantean una tarea distinta para el siguiente ciclo: convertir los recursos públicos en servicios y oportunidades que las personas puedan utilizar realmente.
RESALTAR
El reto, sostiene el estudio, ya no consiste solo en llevar más recursos hacia los territorios, sino en lograr que el Estado, las empresas y los ciudadanos contribuyan a cerrar las distancias que todavía persisten.
