Romper la cadena de la violencia
Por: Christian Capuñay Reátegui

.

El Perú no es un entorno seguro para los niños, niñas y adolescentes. La última y dramática prueba de tan terrible afirmación la conocimos hace pocos días a raíz del lamentable caso de secuestro y violación de una niña de tres años en Chiclayo.

Tal crimen merece el repudio absoluto de todo el país. No obstante, debería también servir de punto de partida para detenernos a reflexionar sobre la violencia que se ejerce sobre ese sector de nuestra población. Porque la violencia no solo es sexual, se expresa de muchas maneras, algunas de las cuales está increíblemente bien vista y considerada como un método válido para educar.

La Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales (Enares), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), revela cómo el índice de tolerancia social hacia la violencia que se ejerce contra niños, niñas y adolescentes aumenta con el paso del tiempo. El 2013 era de 51.8%, mientras que el 2019 subió a 58.5%. Ello significa que buena parte de nuestra población todavía aprueba métodos de educación que incluyan golpes.

En redes sociales un meme muy popular tiene como protagonista la famosa “chancla voladora”, una especie de zapato a la que recurría la madre cuando era necesario poner orden o encauzar a sus hijos. También pueden encontrarse opiniones de quienes agradecen haber recibido golpes de sus padres porque supuestamente ello ayudó a corregirlos y a convertirlos en personas “de bien”.

Pienso que esa apología a la violencia casera debe rechazarse categóricamente, en primer lugar, porque no hay forma de educar de forma positiva a través de los golpes. Está demostrado por cientos de estudios que sería largo citar que la violencia es devastadora para la autoestima de los niños, niñas y adolescentes. No solo los hiere profundamente en la dimensión emocional, sino que sienta las bases para que en el futuro ellos continúen la cadena y repitan ese triste esquema. Tal método deja muchas secuelas que pueden permanecer escondidas en el inconsciente y causar problemas serios con el paso de los años.

Por ello, es preciso recordar la responsabilidad de todos en cambiar esta situación. Si queremos sentar los cimientos de un país en el futuro con ciudadanos responsables y buenas personas se requiere evitar la violencia en todas sus manifestaciones. Y no se trata de una tarea del gobierno, sino de cada familia y toda persona.

Y si tú, amigo lector, tuviste la mala suerte de vivir esta triste experiencia, te invito a romper la cadena y a no repetirla, menos con niños en formación. Quizá quienes te lastimaron no tuvieron la intención de hacerlo y era la única forma que conocían de abordar una responsabilidad que los sobrepasaba. Ahora te toca perdonar, informarte y educarte para también educar con amor y paciencia.

Dejanos un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked with *.