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Votemos con criterio y convivamos con respeto
El sufragio exige reflexión, participación activa y compromiso con el futuro del país.



Por: Daniela Nickole Santander
Estamos a pocas horas de llegar nuevamente a las urnas a depositar nuestro voto en una jornada electoral que, más allá de las cifras y los resultados, nos sitúa ante el espejo de nuestro propio compromiso. El Perú es nuestra casa común y los peruanos somos, por encima de cualquier diferencia, hermanos. En este escenario y en los que vendrán, resulta esencial que aprendamos a dialogar sobre cómo podemos cuidar este hogar compartido, cómo podemos ser mejores y, fundamentalmente, cómo escucharnos entre todos sin subestimar a nadie. La madurez de nuestra democracia se mide hoy en la capacidad de reencontrarnos en la diversidad de nuestras realidades.
A lo largo de la historia, el debate electoral se ha centrado casi siempre en el aspecto técnico y logístico del sufragio. Como bien señala el historiador y escritor arequipeño Helard Fuentes Pastor, el ciudadano de hoy cuenta con herramientas, información diaria y portales comparativos, pero existe un vacío profundo en la conciencia electoral. «Lo que falta y significa una gran brecha, es sin lugar a dudas, el proceso de interiorización en torno al sufragio, lo que significa sensibilizar a la población sobre su rol ciudadano, no como elemento pasivo, sino activo durante un contexto electoral», advierte el historiador.
Esta visión de una ciudadanía activa e integral es compartida por el magíster Ernesto Alonso Talavera Tapia, abogado constitucionalista y docente de Derecho y Bachillerato Internacional. Para el especialista, ser un ciudadano responsable implica comprender que la democracia no comienza ni termina el día de las elecciones. Talavera enfatiza que, en un ecosistema saturado de desinformación y mensajes simplistas, la verdadera responsabilidad radica en informarse de manera crítica, contrastar fuentes, analizar propuestas y votar pensando en el bienestar del país, asumiendo con madurez que nuestras decisiones individuales repercuten de manera directa en la vida de millones de compatriotas.
Uno de los mayores dilemas de este proceso es la fuerte corriente de ciudadanos que, ante la disconformidad con las opciones que pasaron a la segunda vuelta, evalúan viciar su voto o votar en blanco. Frente a esto, el profesor Talavera Tapia reconoce que esta opción es un derecho legítimo y puede expresar una profunda insatisfacción con la oferta política. No obstante, nos invita a mirar el día después, recordando que el lunes siguiente el país tendrá un gobernante de todas maneras. «Por ello, considero que la reflexión debe ir más allá de la protesta. La pregunta que cada ciudadano debe hacerse es: ¿mi decisión contribuye de la mejor manera posible al futuro que deseo para mi comunidad y mi país?», cuestiona el docente, apelando al deber común de aceptar los resultados y mantener una participación activa.
Ese compromiso post-electoral es, precisamente, el eslabón perdido en nuestra cultura política, ya que la responsabilidad del ciudadano con su voto recién comienza cuando se cierran las mesas de sufragio. «La democracia requiere ciudadanos vigilantes. Fiscalizar implica informarnos sobre las decisiones de nuestras autoridades, seguir el cumplimiento de sus promesas, participar en espacios de diálogo, apoyar iniciativas ciudadanas y exigir transparencia» detalla el docente. Un ciudadano verdaderamente comprometido no se desentiende de la realidad nacional tras cumplir con el sufragio; por el contrario, entiende que «la calidad de una democracia depende tanto de sus gobernantes como de la capacidad de sus ciudadanos para supervisarlos».
Superar la fiscalización y la urna nos lleva al desafío más urgente de nuestra convivencia: la profunda polarización que fragmenta al país. «Detrás de cada voto existe una historia, una experiencia y una realidad distinta. Muchas veces no votamos por las mismas razones porque no vivimos las mismas circunstancias» recuerda Talavera. La democracia no nos exige uniformidad de pensamiento, exige la capacidad de convivir respetando las diferencias. «Cuando dejamos de ver al otro como un enemigo y empezamos a verlo como un compatriota con preocupaciones legítimas, se abre la posibilidad del diálogo y de la construcción de consensos», puntualiza.
RESALTAR
En un entorno donde las calles y las redes sociales suelen amplificar discursos de odio o de división debido a los algoritmos que buscan reacciones rápidas, la tolerancia democrática debe transformarse en una práctica diaria y activa. La realidad del Perú es mucho más compleja y profunda que un comentario incendiario en una pantalla; la mayoría de los ciudadanos comparte el deseo honesto de vivir en paz, progresar y ofrecer mejores oportunidades a sus familias. Al final del día, el voto es una herramienta, pero el respeto mutuo es el único camino para sostener nuestra casa común.
