Lima enfrenta alto riesgo ante un terremoto por vulnerabilidad de sus viviendas

Los recientes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela, dejando cientos de fallecidos, miles de heridos y graves daños en la infraestructura, han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que preocupa a millones de peruanos: ¿está Lima preparada para enfrentar un sismo de similares características? Para los especialistas, la respuesta es preocupante. La capital peruana continúa siendo una de las ciudades más vulnerables de Sudamérica frente a un gran terremoto debido a la acumulación de energía sísmica, la expansión urbana desordenada y la fragilidad de gran parte de sus edificaciones.


SEGÚN ESPECIALISTAS DEL IGP

El presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Hernando Tavera, ha reiterado que la costa central del país acumula más de 275 años de silencio sísmico, ya que el último gran terremoto frente a Lima ocurrió en 1746. Esta prolongada acumulación de energía tectónica hace prever que, en cualquier momento, podría registrarse un sismo de magnitud superior a 8,8, con efectos devastadores para Lima, Callao, Ica y Áncash.

Aunque no es posible determinar cuándo ocurrirá un terremoto de esa magnitud, el IGP sostiene que el escenario es altamente probable debido al comportamiento de la placa de Nazca y la placa Sudamericana, cuyo proceso de fricción continúa acumulando energía que eventualmente será liberada.

Uno de los principales factores de riesgo es la calidad de las construcciones. Según la decana nacional del Colegio de Arquitectos del Perú, Lourdes Giusti, apenas el 15 % de las viviendas fueron construidas con asesoría técnica, planos aprobados y supervisión profesional. El resto corresponde, en gran medida, a edificaciones levantadas mediante autoconstrucción, muchas veces sin cumplir las normas de seguridad estructural.

A esta situación se suma que aproximadamente el 45 % de la población vive en asentamientos humanos o zonas de alto riesgo, ubicadas en laderas, quebradas o terrenos con características geológicas desfavorables. Estas condiciones incrementan considerablemente la posibilidad de colapsos y deslizamientos durante un movimiento sísmico de gran intensidad.

Los estudios desarrollados por el Ministerio de Vivienda y la Universidad Nacional de Ingeniería identifican como zonas especialmente vulnerables a los distritos de Villa El Salvador, Chorrillos, Villa María del Triunfo, Ventanilla, Ancón y Santa Rosa, debido a la naturaleza de sus suelos. También presentan un elevado nivel de riesgo diversos sectores de Carabayllo, San Juan de Lurigancho, Independencia y Ate, donde el crecimiento urbano sobre laderas y terrenos inestables aumenta la exposición frente a un terremoto.

Las proyecciones elaboradas por especialistas indican que un evento de gran magnitud podría dejar cientos de miles de viviendas destruidas o inhabitables, además de afectar hospitales, colegios, redes de agua potable, energía eléctrica, telecomunicaciones y las principales vías de acceso. Esto complicaría seriamente las labores de rescate y la atención de los damnificados durante los primeros días posteriores al desastre.

Otro problema identificado es la existencia de numerosas casonas antiguas y edificaciones con décadas de antigüedad que presentan un avanzado deterioro estructural, especialmente en los distritos tradicionales de Lima. Estas construcciones representan un riesgo adicional por la posibilidad de colapso durante un fuerte movimiento sísmico.

Frente a este panorama, los especialistas coinciden en que la mejor herramienta para reducir las consecuencias de un gran terremoto sigue siendo la prevención. Recomiendan reforzar las viviendas vulnerables, respetar las normas de construcción, identificar zonas seguras, preparar mochilas de emergencia y participar activamente en los simulacros nacionales.

El caso de Venezuela demuestra que la magnitud de un sismo no es el único factor que determina el número de víctimas, sino también el nivel de preparación de las ciudades y la resistencia de sus edificaciones. Para Lima, donde viven cerca de diez millones de personas y persisten importantes brechas en infraestructura y planificación urbana, el desafío sigue siendo enorme. La amenaza de un gran terremoto permanece latente y la preparación continúa siendo una tarea pendiente para autoridades y ciudadanía.

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