Emergencia climática deja secuelas invisibles en la población

Las lluvias, inundaciones y desbordes no solo dejan viviendas colapsadas y familias evacuadas, también abren una segunda emergencia: la salud mental. Desde el Consejo Directivo Regional III Arequipa y Moquegua del Colegio de Psicólogos del Perú advirtieron que el impacto emocional puede agravarse si no se interviene de manera organizada. Motivo por el cual las autoridades deben apostar por un segundo nivel de respuesta ante emergencias.

El psicólogo debe formar parte del equipo de segunda respuesta en crisis humanitarias, interviniendo cuando la población ya fue evacuada y no enfrenta riesgo vital inmediato. La decana del Colegio de Psicólogos de Arequipa y Moquegua, Ruth Gallegos Esquivias, explicó que su labor incluye primeros auxilios psicológicos, contención emocional e intervenciones grupales en albergues y espacios comunitarios. “En un primer momento pueden aparecer crisis de ansiedad, llanto, irritabilidad o estados depresivos. Si no se abordan, pueden evolucionar hacia cuadros clínicos”, señaló.

De acuerdo con el reporte del sector Salud, las principales afecciones detectadas entre los afectados por la emergencia son crisis nerviosas, hipertensión, contracturas y luxaciones. Mientras que uno los riesgos potenciales es el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Las personas que vivieron situaciones de peligro directo, como el ingreso de torrenteras o el colapso de sus viviendas, podrían desarrollar síntomas persistentes que requieran tratamiento prolongado. La evolución de cada caso dependerá del acompañamiento temprano y de las redes de apoyo familiares y comunitarias. Gallegos Esquivias indicó que la recuperación no solo depende de la intervención profesional. La existencia de soporte familiar, apoyo institucional y una respuesta coordinada reduce la probabilidad de complicaciones.

En contraste, la desorganización puede generar mayor estrés e incluso revictimizar a los damnificados cuando reciben atenciones repetidas sin articulación. Desde el Colegio de Psicólogos iniciaron coordinaciones con algunas municipalidades para intervenir en los albergues dispuestos por el gobierno regional y provincial. Sin embargo, no existe confirmación oficial de una convocatoria formal al gremio. La decana consideró necesario un trabajo articulado con el sector Salud para evitar duplicidad de intervenciones y garantizar un abordaje técnico.

La alerta también alcanza a los equipos de primera respuesta. Bomberos, policías, personal de salud y voluntarios enfrentan jornadas extensas y exposición continua a escenas de pérdida y destrucción. Ese desgaste no solo es físico. Puede traducirse en fatiga emocional, irritabilidad y síntomas de estrés agudo. Gallegos Esquivias advirtió que estos equipos también requieren contención especializada, ya que la acumulación de impacto psicológico, sin espacios de descarga y acompañamiento técnico, incrementa el riesgo de afectaciones posteriores.

La intervención no se limita a atención individual. Se prevén acciones grupales, especialmente con niños y adolescentes, considerados población vulnerable junto con gestantes y adultos mayores. El temor recurrente y la incertidumbre podrían prolongarse si no existe seguimiento posterior. La decana sostuvo que el sistema debe evaluar la magnitud del impacto para determinar si se requiere mayor contratación de personal. “No toda la población acude a los establecimientos de salud. La demanda puede incrementarse”, advirtió.

Mientras continúan las labores frente a la emergencia climática, el gremio profesional insiste en que la atención psicológica no debe quedar en segundo plano. La evolución de la crisis no solo se medirá en daños materiales, sino también en las secuelas emocionales que puedan persistir en los próximos meses.

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