Sin obligación ni sanción, adultos mayores acuden a las urnas en Arequipa

A pesar de no estar obligados por ley, numerosos adultos mayores de más de 70 años acudieron a sufragar durante los Comicios Generales 2026 en Arequipa. Desde octogenarios que se movilizan con bastón o silla, hasta nonagenarios en sillas de ruedas, evidenciaron su compromiso cívico al emitir —según afirman— un voto consciente con la expectativa de contribuir a un cambio en el país.

De acuerdo con la Constitución Política del Perú y la Ley Orgánica de Elecciones, el voto es obligatorio para los ciudadanos entre los 18 y los 70 años. A partir de esa edad, el sufragio se convierte en un derecho facultativo: pueden participar si así lo desean, sin enfrentar sanciones en caso de abstenerse. Sin embargo, en la práctica, muchos adultos mayores no solo acuden a las urnas, sino que lo hacen desde tempranas horas y con un alto sentido de responsabilidad cívica.

Tal es el caso de Paulina Quispe Condori, de 93 años, residente en el barrio IV Centenario del Cercado de Arequipa, quien se trasladó hasta la I.E. 40025 Santa Dorotea, en el distrito de José Luis Bustamante y Rivero, para emitir su voto. A pesar de movilizarse en silla de ruedas, acudió acompañada de sus familiares para cumplir con lo que considera un deber ciudadano. Según su testimonio, se informó sobre los candidatos presidenciales con semanas de anticipación para tomar una decisión responsable.

Una experiencia similar es la de Jesús Neyra Uyén, de 84 años, quien sufragó en la I.E.P. Niño de la Paz. Aunque requiere el uso de bastón para desplazarse, llegó durante la tarde con apoyo de sus hijas y familiares.

“Recomendaría a los más jóvenes que cumplan con su labor cívica y emitan su voto, pero también deben ser conscientes y elegir un candidato que nos saque de los 10 años de crisis que hemos vivido. No más de lo mismo”, expresó.

Lo mismo ocurre con Moisés Chávez, de 96 años, quien acudió a la I.E. 40054 José Domingo Zamácola y Jáuregui para sufragar. A pesar de padecer problemas cardíacos, se trasladó hasta su local de votación convencido de la importancia de participar en el proceso electoral. “La Constitución me ampara y me permite votar. Quiero continuar siendo patriota. Las votaciones deben ser justas y priorizar la moralidad. Es necesario un cambio para mejor”, refirió.

La escena se repitió en varios locales de votación: personas de avanzada edad llegando con ayuda de familiares, avanzando despacio, pero con decisión hacia las aulas asignadas. En medio de una jornada marcada por la rutina electoral, su presencia introdujo un matiz distinto, casi silencioso, que contrastó con la apatía que suele atribuirse a otros sectores. Sin obligación de por medio, optaron por participar.

Esa persistencia no parece responder a la norma, sino a algo más arraigado. En quienes han atravesado décadas de crisis políticas y cambios de gobierno, el acto de votar adquiere otro peso: no solo como derecho, sino como una forma de intervención directa en el rumbo del país. Así, incluso con limitaciones físicas, muchos de ellos siguen acudiendo a las urnas con una convicción que no siempre se replica en generaciones más jóvenes.

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