Cada vez más arequipeñas priorizan metas personales y profesionales sobre la maternidad
Por: Daniela Nickole Santander
Jóvenes señalan que prefieren consolidar estudios, estabilidad y desarrollo antes de formar una familia.
La región Arequipa enfrenta una transformación demográfica nunca antes vista, marcada por una caída drástica en su tasa de fecundidad que hoy se sitúa en 1.2 hijos por mujer, cifra menor al promedio nacional de 1.8. Según Gaspar Morán, jefe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), este fenómeno responde a un cambio en el proyecto de vida de las arequipeñas, postergando la maternidad o solo deseando tener un hijo. Esta tendencia se confirma con las estadísticas del Ministerio de Salud, que revelan un descenso acelerado en la natalidad regional; en solo tres años, Arequipa pasó de registrar 19 537 nacimientos en 2022 a apenas 16 099 al cierre de 2025.
Esta realidad se refleja en las aulas universitarias, donde la maternidad compite con el deseo de estabilidad. Andrea, estudiante de enfermería, proyecta su futuro en el cuidado hospitalario, pero con límites claros. “Me proyecto creciendo tanto personal como profesionalmente, terminando mi carrera de enfermería y especializándome en un área que me permita ayudar más a las personas, especialmente en pediatría o en sala de operaciones”, comenta. Para ella, el cuidado de otros es una pasión profesional que no necesariamente se traduce en una maternidad inmediata. Al ser consultada sobre su futuro familiar, Andrea es enfática en que el orden de los factores sí altera el producto. “Sí, me gustaría ser madre en algún momento, pero cuando me sienta preparada emocional y económicamente; considero que ser madre implica mucha responsabilidad, tiempo y estabilidad”, asegura. Además, percibe un cambio generacional profundo. “Actualmente muchas mujeres priorizan primero sus estudios, metas personales y estabilidad antes de tener hijos; antes la maternidad se veía más como una obligación o algo que debía suceder temprano; ahora se toma más como una decisión personal y consciente” concluye.

Por su parte, Silvana, estudiante de marketing en un instituto privado, vincula su renuencia a un entorno social que percibe como hostil. “Me gustaría ser madre, pero en un tiempo todavía lejano, traer actualmente un hijo al mundo me parecería injusto, ya que se viven momentos tensos y hay mucho odio en las calles”, afirma con preocupación. Para ella, el éxito se traduce en libertad habitacional y profesional. “Espero poder tener una casa o departamento en donde pueda vivir tranquila, y ejercer de una manera sin presiones mi carrera, quizás hasta en otra ciudad” afirma.
Silvana también critica la presión de ciertos sectores tradicionales que no se ajustan a la Arequipa de 2026. “Aún hay chicas que viven ensimismadas en sus ideales religiosos o de su entorno, lo cual no está mal, pero negarse a ver que ya no vivimos como hace 10 años es tapar el sol con un dedo. Me alegra que muchas estén priorizándose antes que traer pequeños al mundo”, sostiene.
Desde la facultad de Ciencias de la Comunicación en la universidad nacional, Alejandra, de 22 años, refuerza la idea de una vida volcada al desarrollo individual y el disfrute. “Tengo muchos planes, entre ellos dedicarme a ser comunicadora en distintos medios, quisiera estudiar una maestría en Gerencia de Recursos Humanos, y también comenzar a emprender y tener mi negocio propio”, relata. Para ella, la maternidad es un concepto en disputa entre la nostalgia y la realidad. “Aún no lo tengo decidido; en parte quisiera pasar por ese sueño que casi toda niña tuvo al jugar con sus muñecos bebés, pero entiendo que es una responsabilidad tan grande y dedicar mi vida al bebé aún no me siento capaz”.

El factor financiero es el punto de quiebre para Alejandra. “La verdad quisiera que el dinero que gane se destine a viajes, gustitos, y demás; sé que tener un hijo es una gran responsabilidad. También en el ámbito social me da miedo traer a un niño a este mundo que a veces es tan feo”, confiesa.
Esta visión coincide con la de la obstetra Juana Vilca Puma, coordinadora de la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva de la Red Arequipa-Caylloma, quien nota que el deseo de continuar carreras profesionales y proyectos personales termina desplazando la maternidad al final de la lista de prioridades.
Finalmente, las estadísticas del INEI y la ENDES confirman que ya es una realidad. Mientras que en las zonas rurales de la región la tasa se mantiene en 2.9 hijos por mujer, en el área urbana desciende a 1.5. Arequipa se encamina así hacia un nuevo perfil demográfico, donde la estructura familiar es más reducida y donde la realización personal se ha convertido en el nuevo estándar de éxito antes de considerar la formación de un hogar.

Las jóvenes de hoy entienden que traer una vida al mundo requiere de una estructura sólida que garantice calidad de vida, tiempo de calidad y una estabilidad que el contexto actual a veces dificulta. Esta nueva conciencia, lejos de ser un rechazo a la familia, es un reconocimiento del peso real que implica criar a un ser humano; una decisión que, en la Arequipa de 2026, se toma desde el respeto absoluto hacia la libertad propia y el bienestar de las futuras generaciones.
