Arequipa y el desafío de crecer
Por Carlos Meneses
Arequipa hoy lidera el crecimiento exportador del sur y reafirma su peso dentro de la economía nacional. Pero el reto no debe limitarse a celebrar cifras récord. El verdadero objetivo debe ser convertir esa fortaleza económica en desarrollo sostenible, empleo formal y mejor calidad de vida para la población. Solo así el crecimiento dejará de ser una estadística para convertirse en bienestar real.
Las cifras exportadoras del primer trimestre de 2026 confirman algo que Arequipa viene demostrando desde hace varios años: la región se ha convertido en el principal motor económico del sur peruano. Superar los 3 000 millones de dólares en exportaciones y concentrar el 36,3 % de todos los envíos de la macrorregión no es un dato menor. Es el reflejo de una economía regional dinámica, capaz de sostener crecimiento incluso en un contexto nacional marcado por la incertidumbre política y la desaceleración económica.
Detrás de este avance aparece, nuevamente, la minería formal. El cobre y otros minerales continúan siendo el gran soporte de la economía arequipeña y del país. Gracias a las operaciones mineras instaladas en la región, Arequipa mantiene una fuerte conexión con los mercados internacionales y se posiciona como un actor clave dentro de la cadena global de materias primas. Negar el aporte de la minería formal sería desconocer la realidad económica regional.
Sin embargo, el verdadero desafío no está solo en exportar más, sino en construir un crecimiento sostenible y menos dependiente de un solo sector. La experiencia internacional demuestra que las economías más sólidas son aquellas capaces de diversificar su producción, generar innovación y agregar valor a sus recursos. En ese punto, Arequipa todavía tiene tareas pendientes.
Resulta alentador que sectores como la agroindustria, la manufactura y los servicios comiencen a ganar espacio dentro de la oferta exportadora regional. Son actividades que generan empleo más intensivo, impulsan cadenas productivas y permiten que los beneficios económicos lleguen a más familias. Pero para consolidar ese avance se requiere una visión de largo plazo que vaya más allá de los buenos indicadores coyunturales.
La región necesita infraestructura moderna, carreteras eficientes, puertos competitivos y menos burocracia. El puerto de Matarani y la carretera Interoceánica representan ventajas estratégicas que todavía no se aprovechan en toda su dimensión. A ello se suma la urgencia de formar profesionales especializados en comercio exterior, logística e innovación, capaces de responder a las exigencias de mercados cada vez más competitivos.
En ese sentido, la alianza entre el sector empresarial y la academia es una señal positiva. Vincular la formación profesional con las necesidades reales de la economía puede ayudar a cerrar brechas históricas y preparar a nuevas generaciones para un mercado globalizado.
