EL MUNDO TE DICE QUE SUFRAS

Todo esto parece paradójico pero la vida está llena de paradojas y de supuestas incongruencias. Nuestro saber aún es tan limitado respecto al entendimiento de los eventos que se generan en el mundo. Yo maduro cada nuevo anochecer al hacer un balance de lo vivido y cuando extraigo la enseñanza de cada palabra agresiva que fue pronunciada por otros con el fin de maltratarme y que yo voluntariamente rechacé en mi interior. Aprovecho cada experiencia de maltrato y la reciclo volviéndola una experiencia de amor.


La actitud del mundo que lleva a muchos a sufrir en verdad no debería generarnos el dolor que expresamos con nuestra aflicción. Debiéramos de entender que la vida es tan bonita como para ponernos a pensar en lo que aquel me dijo o lo que los demás piensan de mí.

Cada uno de nosotros pone sus propios obstáculos a su desarrollo con ilusiones carentes de sentido práctico, nos involucramos en relaciones interpersonales que suponemos serán eternas y condicionamos nuestros actuar al buen trato que nos pueda otorgar el entorno.

El dolor que se experimente a diario es como una alarma que me avisa que algo está pasando en mi cuerpo físico o en mi cuerpo emocional. Si el dolor no existiera no podría asumir una defensa de estas dos realidades y podría sufrir un daño importante y hasta perder mi salud y mi vida.

Durante muchos medité sobre todo esto que les cuento, muchos años pensé que eran pensamientos obtusos o distorsionados por el hecho de ser Cenicienta, pero hoy he caído en la cuenta de que no son así, son fórmulas preclaras de aquello que todos debiéramos de hacer para salir del hoyo emocional de frustración e inconformidad donde nos hallamos.

Cada día perdemos muchas oportunidades al decidir sufrir. Cuando sufrimos nos bloqueamos emocionalmente y nos lamentamos de nuestra mala fortuna, elaboramos pensamientos de rencor al mundo que nos rodea y nos humillamos al hacernos responsables de dicha realidad. En verdad nuestra tragedia existencial no está determinada por esos actos que nos llevan a sufrir sino por todo aquello que llegamos a perder al sufrir de dicha manera.

“Caminante no hay camino, camino se hace al andar”. En verdad cada uno de nosotros construye a diario un camino, para muchos asfaltados para otros una trocha donde es casi imposible transitar. El destino en verdad no existe como tal, solo hay probables futuros en donde podemos desarrollarnos en virtud de las decisiones que tomemos hoy.

Me siento alegre por vivir en un ambiente hostil como este, que me ayuda a aprender a tener paciencia y a comprender la actitud de mi familia. Con cada una de sus acciones he aprendido más que en una escuela de formación emocional, ella sin darse cuenta ha sido buena instructora y por ello agradezco cada nuevo amanecer por tenerla junto a mí, aunque también pido porque un día su conducta pueda ser distinta y que redescubra el amor que vive en ella.

Muchos de ustedes quizás pensarán que soy una masoquista y que me apasiona el dolor. Sus ideas están, nuevamente, muy alejadas de la realidad. El día que yo acepté todo esto como un proceso de aprendizaje dejé en verdad de sentir aquel dolor existencial que acarrea el concepto de ser una esclava infeliz. Yo me liberé de aquellas ataduras mentales que gobernaban mi mente y opté por hacer con gusto todo aquello que me indican que haga, es decir que al aceptar el concepto de sufrimiento como una parte cierta de la existencia humana y albergarla en mi interior este dejó de existir como tal y se transformó en un aprendizaje constante de amor.

Ahora puedo comprender a plenitud por qué estando Jesús de Nazaret crucificado y habiendo sido víctima de una encarnizada agresión física no dudó en decir “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Él de seguro sintió dolor físico, como lo sentimos cualquiera de nosotros, pero no sintió sufrimiento, más bien sintió amor por todas esas personas equivocadas que actuaron de dicho modo en su contra.

Un principio de vida: “El sufrimiento que es aceptado de corazón en verdad es el amor que fluye por cada parte de nuestro ser”.

                                                           **********

La vida contempla evidentemente dos polos de desarrollo: el polo del dolor y el de la alegría.

Cada uno de nosotros en virtud de las experiencias que vivimos nos vemos involucrados en uno u en otro; pero en verdad, aquel que vive su vida polarizado sufre inevitablemente.

La vida, en verdad, solo es una sucesión de alegrías, unas que se expresan en el corto tiempo y otras que tardan en desarrollarse, que inicialmente surgen como dolor, luego evolucionan a aprendizaje y finalmente acaban en realización y desarrollo personal.

Yo decido, al igual que el maestro de Nazaret, desarrollar mi vida en el último nivel de desarrollo de la alegría … ¿y tu? ¿Qué decides a diario?

Dejanos un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked with *.