La biblioteca de Edmundo de los Ríos
Por: Alejandro Chalco Moreno
Edmundo de los Ríos fue uno de esos lectores cultos e inquietos por todo aquello que la razón y el arte puedan prestar a la tinta. En sus libros realizaba anotaciones, subrayados, comentarios, tanto al pie de página como en los bordes del texto, dibujos, y los criticaba más adelante en la revista Caretas, donde trabajó.
Su biblioteca es la sombra de alguien que estaba muy abierto a diversos saberes; alguien que era sumamente apreciado por los más queridos de su entorno, como se ve en los tantos libros con dedicatoria que le obsequiaron.
En abril del año pasado, la familia De los Ríos donó todos los libros del genial y querido escritor arequipeño a la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa, donde ahora tiene una sala totalmente dedicada con su biblioteca, sus trabajos y objetos significativos abierta al público en general.
Todos los libros que lo acompañaron en vida se encontraban desperdigados en cada rincón de su departamento, como cuenta su sobrino Rolando Rivera; ahora se hallan reunidos en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa: más de 2000 libros repartidos de los campos humanísticos, sociales, científicos y teológicos, al igual que todo tipo de géneros y subgéneros literarios, así como de música y artes plásticas. Todos eran parte de sus inquietudes, pasiones, nostalgias y anhelos, que se reflejaban a través de aquellas anotaciones en las páginas, así como los subrayados verticales u horizontales.
Los campos que más le interesaban eran la historia y la antropología, según se puede notar de su biblioteca, de Perú en general, y también de México, Estados Unidos, Sudamérica y otros territorios occidentales y orientales.
Pero como es fácil entender, el aprecio que tenía por su identidad cultural lo llamó a fijarse en lo suyo, que se percibe a través de esos tantos libros que tuvo en relación a la historia del Perú, estudios culturales y étnicos, como también libros en relación al mundo andino.
Hay libros que De los Ríos ha estudiado a profundidad, para después dedicarles columnas o artículos periodísticos en la revista Caretas donde fue crítico de arte. Un caso en especial es el historiador Fernando Romero; fue muy significativo el estudio antropológico que realizó. Es un estudio enfocado en la etnia del negro en el Perú, tema que para De los Ríos era ignorado por la Academia. Es por eso que le dedicó al historiador dos artículos en la revista Caretas.
En el primero presenta el trabajo de Fernando Romero acerca de la presencia del mundo negro en el Perú; resalta cómo estudió al negro desde lo histórico, antropológico y lingüístico. Edmundo describe a Romero como «un historiador de gran experiencia, dueño de un estilo directo, sugestivo y sin rebuscamientos (apesar de haber escrito literatura de ficción), y de envidiable lucidez sobre los más apremiantes problemas nacionales». En el segundo artículo, se ocupa de su biografía con una prosa poética, y lo llama «Gran Curaca».
En su biblioteca se encuentran libros de este historiador, libros con dedicaciones afectuosas a De los Ríos, de lo cual se puede inferir que tenía una relación cercana con Romero: en la dedicación del libro Afronegrismos en el Perú, el autor reconoce la personalidad de los Ríos, y menciona lo siguiente: «Para Edmundo de los Ríos, en fama de bohemio y en acierto para preguntar inteligentemente». Y así mismo en el libro Safari africano, en el cual reconoce el trabajo de Edmundo como periodista, y por su gran interés que tiene por su trabajo: «Para Edmundo de los Ríos, brillante periodista, en mi gratitud por su interés en mis investigaciones sobre el negro en el Perú».
El antropólogo e historiador Luis E. Valcárcel, el creador de la antropología y etnohistoria científica del Perú, también fue uno de quienes Edmundo admiró. Ya que en su biblioteca se encuentran libros de dicho historiador y antropólogo: Historia de la cultura antigua del Perú, Tempestad en los Andes e Historia del Perú antiguo. Asimismo, le dedicó un artículo, «El amauta que buscó el origen», en el que realiza un homenaje en la hora de su ausencia; ahí cuenta su vida, sus investigaciones, su estilo, sus pasiones y el legado que deja Luis E. Valcárcel: «Legado imprescindible para los peruanos de todos los tiempos, su obra es fruto de intenso estudio, persistente paciencia y fervoroso amor».
Estos son solo unos de los tantos historiadores y antropólogos presentes en sus estudios e investigaciones. Esos libros que para Edmundo eran muy significativos no se quedaban en un artículo o a una columna de cultura, sino que también les dio un trato poético. Ya que una de las cualidades del escritor siempre ha sido cuestionarse y responderse ante cualquier tópico o fenómeno que lo inquiete, para después transformarlo en un acto poético. Y eso es lo que hizo: estudió lo que más le apasionaba, la historia precolombina del Perú, así como también la cosmovisión andina de aquel periodo, de la cual sacó dos cuentos, «Esa fina vibra mágica» y «Los mantos musicales del señor de Sipán», publicados en la revista Alpaca del Perú; y también una novela, El mutilado ecuestre, en la cual se encuentran muchas referencias a ello (según su hermano Eliseo, que va a publicarla).
Otro aspecto que muestra su biblioteca es la amistad entrañable con José Ruiz Rosas, uno de sus íntimos amigos. Hay poemas suyos que dedica al querido escritor. De igual modo se puede ver poesía de varios poetas peruanos de su época. Libros con dedicaciones muy afectuosas que contienen mucha admiración por su trabajo y talento, elogios en principal a su gran novela Los juegos verdaderos, aquella que fue publicada hace 58 años y celebrada por Juan Rulfo: «La novela de la literatura que inicia la revolución en Latinoamérica».
Como se ha apreciado, De los Ríos fue polifacético, lo que se ve en su biblioteca y en sus trabajos críticos. Todo esto se encontrará en la inaugurada sala de Edmundo de los Ríos en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa.
